Por la Ruta de la Seda: bordeando el desierto del Taklamakán por el ramal norte

De Kashgar a Turpan y Dunhuang.

Mientras me pregunto si las 30 inacabables horas de recorrido por el tramo norte de la Ruta de la Seda serán suficientes para dejar atrás el desierto infinito de piedra y roca, el tren comienza a detenerse. Las puertas se abren, pesadas, dejando entrever una estación aún adormecida. Me apeo del tren y ando lentamente bajo la protección de un porche metálico de nueva construcción. En unos minutos, el ambiente grisáceo de la estación se llena de gente que corre a ríos en una única dirección. El bochorno me hace sudar espalda abajo y el gentío me empuja hacia la salida. De repente, el universo se vuelve naranja, como si lo viera a través de un filtro de la cámara. La tierra es naranja, el cielo naranja, el aire que respiro, naranja. La inmensidad del desierto del Taklamakán cae sobre mi, implacable, golpeándome en la cara, aturdiéndome, ahogándome con su aliento caliente.

Fotografia: Imagen del desierto del Taklamakan, extraída de http://www.virginmedia.com


Patrimonios de la Humanidad olvidados de Turquía: Mezquita Ulu Cami y hospital mental Darussifa de Divrigi

Mezquita Ulu Cami Patrimonio de la HumanidadCamino bajo el entramado de hojas y racimos de uva de unas viñas centenarias. A lado y lado parecen gotear flores de temporada de entre los barrotes de los balcones. Mujeres con chilaba remueven la verdura de las paradas de la calle y un aroma a pan recien hecho invade esta mañana soleada de Divrigi.

Allá donde terminan las casas del pueblo, los campos de cultivo dan forma a un paisaje típicamente rural. En medio de la tierra labrada se alza una colina suave, coronada por una edificación antigua: es el complejo mezquita-madraza y hospital mental Ülu-Cami y Darussifa.

Tengo los ojos clavados en la portalada del hospital. Unos arcos ojivales decorados con geométricas formas, preciosos medallones de piedra e intrincados motivos florales la adornan. Dentro, sobre un suelo de piedra asimétrico, hay una piscina octogonal. El agua, que corría en espiral, calmaba los nervios de los enfermos ya en el año 1299.

Me dirijo a la mezquita. Adosada al hospital, permanece en penumbra, abrigada por alfombras granate extendidas a los pies de un bosque de columnas. La serenidad del espacio me invata a sentarme y relajarme.

De nuevo fuera, unos hombres me hacen señales desde una esquina de la mezquita. Me acerco. Giro la mirada hacia donde me apuntan sus índices i, por momentos, la boca se me queda abierta. Una puerta colosal de estilo rococó ha resurgido sobre las austeras paredes selyúcidas, retorciendo motivos geométricos, dando volumen al follaje en piedra y estilizando inscripciones arábicas de una calidad cautivadora.

Escondida entre las paredes de roca, la puerta norte le ha valido al complejo de Divrigi la calificación de Patrimonio Mundial de la Unesco. Por poco me voy sin verla.

Entrada relacionada: Divrigi, Patrimonio de la Humanidad en Anatolia.

Autora: Núria Borràs. Ha publicado varios artículos en las revistas de viaje Altaïr y Lonely Planet Magazine.

Por los caminos del Mundo. Monasterio de Labrang, Xiahe, Tibet histórico

Monasterio de LabrangRespiro con dificultad, espasmódicamente. A cada paso que doy, las piernas más me pesan y la cabeza me duele y me baila de un lugar a otro. El templo de la derecha se me nubla y siento que pierdo el equilibrio. De repente, una mano providencial aparece por detrás y me sujeta fuerte del brazo, evitándome una caída inminente. Me conduce hacia la puerta del templo y me ayuda a sentarme en el rellano. Chirrían los molinillos de oración y sus giros me marean aún más. Respiro hondo, llenándome tanto de aire como puedo, hasta que consigo recobrar el aliento. La mujer se despide y continúa su kora diaria.

Encajado en una planicie rodeada de altas montañas a 3.000 metros de altura, el complejo monástico de Labrang, en el antiguo Tibet –actualmente dentro de la provincia de Gansu- es uno de los seis más grandes de la orden Gelupka. Sus edificaciones pueden alojar hasta 4.000 monjes. Templos, estupas, salas de oración, altares y seis escuelas monásticas se suceden intramuros. Tejados dorados de estilo arquitectónico tibetano-han decoran 18 preciosos templos.

Un murmullo suave danza por los callejones cercanos al río, oraciones melódicas de entre las que emerge el sonido primordial, la sílaba om, que se repite sin final. He de reiniciar el camino delante de los mismos molinillos de oración que no he llegado a girar, pero me desanimo: ¡deben quedarme centenares aún! Los veo bien alineados, pequeños pero pesados, incrustados en unos muros que se alargan sin límite hasta que se los traga la penumbra. Hasta el brazo se queja de tantos que ha girado. No os había dicho aún que la kora o circuito ritual de Labrang tiene 3 kilómetros de muros encalados en blanco y 1.174 molinillos de oración que esperan ser girados.

Mañana lo volveré a intentar.

Autora: Núria Borràs. Ha publicado varios artículos en las revistas de viaje Altaïr y Lonely Planet Magazine.

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