De Tabriz a Van (Turquia) en tren

Del mismo modo que desde casa habíamos trazado una ruta para llegar a Irán, desde Isfahán pensamos una para salir y entrar de nuevo en Turquía. ¿Y qué mejor manera de hacerlo que en tren?

Hay la opción del Transasia, que en tres días hace el trayecto de Teheran a Estambul, pero sólo sale uno a la semana y ya nos han confirmado que va lleno. La otra opción es el tren que sale de Tabriz, cruza la frontera y llega a Van, ya a Turquía.

Y he aquí que ya estamos en la agencia comprando los billetes de tren hacia Van. “El tren sale a las 20:10 y llega a Van hacia las 10:00 del día siguiente”, nos dicen. ¿Pero la guía Lonely Planet no dice que son solo 8 horas?….en fin.

Minaretes de la mezquita de Masjed-e-Jame'Por la mañana nos dirigimos al aeropuerto para coger el vuelo a Tabriz. Facturamos las mochilas,  me fijo en el billete porque especifica que tanto las dos mochilas como Núria quedan a mi cargo. No es de extrañar, hay unos enormes carteles donde dice “una mujer vestida de forma adecuada es una perla en el paraíso“, junto a la imagen de una mujer vestida completamente de negro. Solo le falta la música del Nodo.

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Isfahan, jardines y barrio de Jolfa

Nos despertamos a medianoche sobresaltados: aviones militares están sobrevolando la ciudad. En las afueras de Isfahan se halla una central nuclear… ¿serán los israelís?. Estamos atentos, ya no se oye nada, no eran los israelís, a dormir otra vez.

Nos levantamos de muy buen humor, hoy toca conocer el corazón de la ciudad, lo que le da vida: sus jardines. En ellos se hallan antiguos palacios, con enormes fuentes que refrescan la mañana. Vagabundeamos por entre la gente, nos tumbamos a la sombra de los arboles, nos relajamos.

Chicas iranís de picnic en un parque de Isfahan

Chicas iranís en un parque de IsfahanLejos del bazar y de las mezquitas, las famílias iranís se reunen en los jardines para comer, beber y pasar el dia entre familiares y amigos. Hace un tiempo leí que los iraníes son los campeones de los picnics y creo que, efectivamente, así es.

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Isfahan, la plaza del Imán.

Sentados en el asiento trasero del taxi comprobamos que Isfahán no es como el resto de las ciudades que hemos visitado: allí donde miramos se ven amplios jardines, árboles, flores… se intuye una ciudad que va a otro ritmo, más pausado, más relajado. Y nos gusta.

Dejamos las mochilas en el hotel y salimos a la calle para poder pisar lo antes posible la plaza del Imán, la Meydan-e Naghsh-e-Jahan. Y allí, en medio de la plaza, con el sol escondiéndose por detrás de las cúpulas azules, miramos más allá como quien mira el horizonte que nunca se acaba. Sí, Isfahan es la mitad del mundo.

Plaza del ImánFue el Sha Abbas I (1587-1629) quien la embelleció y le dio personalidad. Los viajeros de la época la nombran en sus crónicas como la ciudad más próspera y moderna del mundo, con una población cercana al millón de habitantes.

Nosotros hacemos una cuenta rápida: es como 4 veces un estadio de fútbol… y todavía nos quedamos cortos, mide 510 metros de largo por 165 de ancho! Satisfechos de esta pequeña cata, volvemos al centro y comienza la pesada tarea de cada día: encontrar un restaurante que sirvan algo más que kebabs. ¡Irán es, de largo, el país donde peor hemos comido!

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