El camino desde Tongren a Xiahe es una pequeña aventura. Hemos tenido que subir al autobús a empujones, combatiendo con tibetanos y chinos y sus respectivos sacos y cajas. Los asientos son diminutos y tenemos que hacer las 5 horas de trayecto girados hacia el pasillo.
Dentro del autobús hace un frío intenso, llevamos puesta la chaqueta, los guantes y la gorra. En los pies llevamos dos pares de calcetines y bajo los pantalones, otros de interiores. Es lo que hacen ellos para combatir el frío y ha sido muy buena idea comprarlos.

El paisaje es precioso, las cumbres nevadas se esconden detrás de las montañas que nos rodean y de vez en cuando se dejan ver. A una altura de 3.300 metros vemos los yaks pastando por el borde de la carretera, algunos pasean por el pueblo. En una parada, comemos un yogur casero recién hecho, quién sabe si con leche de vaca o de dri – hembra del yak -.
El monasterio de Labrang, junto con el de Kumbum, es uno de los seis monasterios de la orden Gelupka. Son los dos que se encuentran fuera de la Región Autónoma del Tíbet. Antes de la Revolución Cultural, llegó a tener 4.000 monjes y mas de 100 pequeños monasterios. Durante la Revolución Cultural muchos templos fueron arrasados y sus monjes encarcelados y torturados. En la actualidaad quedan tan solo 12 monasterios que albergan a unos 1.300 monjes.

Dentro del recinto monástico hay un pueblo entero, lamaserías, templos, salas de oraciones y escuelas de estudios superiores de teología, astronomía y filosofía. El complejo nace en la falda de la montaña y se extiende hasta el río. Los templos de mas al norte parece que estén enclavados en la roca, las paredes están pintadas en armonía con el terreno, del mismo color que la tierra. Algunos son blancos, con las ventanas, los techos y bordillo del tejado bien guarnecido.
Aquí la kora tiene una longitud de 3 Km, impresionante. Decidimos comprobar su dureza e intentamos seguir los monjes, hombres y mujeres, niños y viejecitos, con la intención de hacer girar todos y cada uno de los 1174 molinillos y dar las tres vueltas de rigor dentro y fuera de cada templo. Antes de finalizar el primer muro, ya estamos cansados y con el brazo derecho dolorido.

Casi todos nos avanzan, saludando y aprobando nuestra kora. El sol ya se ha puesto y cada vez hay más gente haciendo sus oraciones. Ya vamos por la falda de la montaña, por la mitad más o menos. Un monje anciano nos ayuda, indicándonos el camino a seguir.
El monje para a descansar y le pasa el relevo a una tibetana, viejecita también. Lleva el pelo con dos trenzas que se unen entre ellas a la altura de la cintura. Es ya de noche y el final de la kora parece que no llega.

Justo antes del final, hay varios templos que hay que recorrer tres veces por fuera y tres por dentro. Cuando acabamos estamos cansados y mareados, pero satistechos. La mujer nos da la mano y se despide. Regresamos al hotel con el alma purificada y contentos por haber acabado.
Cerca del hotel, vemos una pequeña parada donde una china de la etnia Hui vende pan, el mismo pan que podeis encontrar en Estambul, Samarkanda u Osh. Sin duda, un vestigio de la Ruta de la Seda.

Al día siguiente visitamos otra vez el monasterio y asistimos a la recitación de mantras, para luego continuar nuestro viaje hacia Lanzhou. Así que este es nuestro último contacto con la cultura tibetana, en este viaje.
Viaje realizado en octubre, noviembre y diciembre de 2007.
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