Llegar a Ziro desde Along no ha sido sencillo, el gobierno indio debería mejorar las carreteras en esta región si desea que la zona prospere. Así que optamos por ir a Itanagar vía Assam, ya que la carretera está en mejor estado y evitar ir vía Daporijo, como hacen las pequeñas agencias de viaje que operan en Arunachal. Su ruta implica un día más, evitable para quien dispone de vehículo propio para viajar. Pero claro, a 75 € persona y día, ese día extra les supone un gran negocio.
Tardamos sólo 7 horas en llegar al checkpoint de Itanagar, pero un error en los permisos hacen que el jeep compartido deba continuar el viaje sin nosotros. Tenemos que esperar que los militares indios pongan solución, o por el contrario el viaje por Arunachal Pradesh termina aquí. La solución llega al cabo de una hora gracias a un superior que reconoce la firma en el permiso y nos autoriza el paso.
El problema es que estamos sin vehículo, pero por suerte una chica inglesa que está estudiando las lenguas del norte de India, y que casualmente pasa en ese momento por el checkpoint, nos lleva con su vehículo hasta la ciudad.
Al día siguiente continuamos el viaje a Ziro. El trayecto sólo dura 5 horas, pero por una carretera más apropiada para las cabras que para vehículos.
El interés por este pueblo no es otro que visitar las tribus Atapani. Las mujeres de esta tribu, famosas por su belleza, eran secuestradas por la tribu vecina Nishi.
Para evitarlo, se les desfiguraba la cara con tatuajes y se les perforaba la nariz para introducir unos tapones llamados dat. Afortunadamente, desde que las dos tribus firmaron un tratado de paz en la década de los 60, esta práctica ya no se hace e incluso algunas mujeres optan por la cirugía para cerrar los agujeros y quitarse los tatuajes.
Otra característica es su religión, la Donypolo, en que adoran al sol y la luna. Pero desde que los misioneros metieron la pata por aquí, la mayoría se han convertido al cristianismo Bautista, aunque mezclándolo con su antiguas creencias.
Pasamos dos días visitando estas aldeas. Para ello, tomamos un tempo (un pequeño vehículo usado para transporte público) y vamos a las afueras de Ziro, que es donde están situadas. Las callejuelas estrechas nos dan la oportunidad de ver mejor cómo viven e incluso de ver el interior de algunas casas, que están construidas con bambú. Todas tienen en la entrada el símbolo Donypolo que las protege.


Símbolo de la religión Donypolo delante de una casa

La mañana siguiente nos espera una desagradable sorpresa. Mientras desayunamos, el suelo comienza a temblar. Son sólo unos segundos, pero suficientes para atemorizarnos. Se trata de la réplica de un terremoto de 6 grados que ha habido en Myanmar, a menos de 200km de aquí. Ha sido una sensación muy extraña, pero afortunadamente no ha pasado nada.

Emprendemos el camino hacia el pueblo y al pasar por delante de una iglesia Bautista nos invitan a asistir a la misa. El cura nos dedica unas palabras y nos anima a leer con él una lectura de la biblia, en lengua Atapani. Aunque halagados declinamos amablemente la invitación, aunque hubiese sido divertido hablar en público en Atapani.
La misa es, a mi parecer, demasiado larga (dos horas) pero es muy entretenida ya que la lectura de los textos sagrados la hacen cantando, acompañados de dos guitarras eléctricas y una batería. A la salida tenemos la oportunidad de charlar con ellos y conocer un poco más cómo viven. Nos lo pasamos muy bien.

En Ziro nos reencontramos con Zoran, un chico esloveno que viaja solo y que habíamos encontrado en Along. El es el único occidental que hemos visto en Arunachal, comentamos las dificultades de acceder a esta región y de encontrar otros viajeros con los que compartir un rato.
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