Mercados del mundo: Kashgar, el mercado de los animales

Todo viaje a Kashgar debe ser planificado para que coincida con el mercado de los domingos. Es esta una visita obligada, puesto que este mercado es uno de los más antiguos de Asia, que lleva celebrándose desde hace siglos, cuando la ciudad conectaba dos grandes imperios como Roma y China, 2.000 años atrás.

Por aquel entonces, las caravanas de camellos, cargados de seda, porcelana y especias, llegaban a Kashgar después de semanas de duro viaje. Debían atravesar el desierto del Taklamaklan – popularmente conocido como el lugar en el que entras pero no sales- o las cumbres nevadas del Pamir o el Karakorum para llegar a Kashgar, donde además de vender sus productos, aprovechaban para abastecerse de nuevo y descansar después del largo recorrido.

Un Dzo -cruce entre vaca y yak- y camellos en el mercado de KashgarUn Dzo -cruce entre vaca y yak- y camellos en el mercado de Kashgar

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Por la Ruta de la Seda: bordeando el desierto del Taklamakán por el ramal norte

De Kashgar a Turpan y Dunhuang.

Mientras me pregunto si las 30 inacabables horas de recorrido por el tramo norte de la Ruta de la Seda serán suficientes para dejar atrás el desierto infinito de piedra y roca, el tren comienza a detenerse. Las puertas se abren, pesadas, dejando entrever una estación aún adormecida. Me apeo del tren y ando lentamente bajo la protección de un porche metálico de nueva construcción. En unos minutos, el ambiente grisáceo de la estación se llena de gente que corre a ríos en una única dirección. El bochorno me hace sudar espalda abajo y el gentío me empuja hacia la salida. De repente, el universo se vuelve naranja, como si lo viera a través de un filtro de la cámara. La tierra es naranja, el cielo naranja, el aire que respiro, naranja. La inmensidad del desierto del Taklamakán cae sobre mi, implacable, golpeándome en la cara, aturdiéndome, ahogándome con su aliento caliente.

Fotografia: Imagen del desierto del Taklamakan, extraída de http://www.virginmedia.com


Dunhuang – Cuevas de Mogao

Desde Kashgar, la siguiente parada es Dunhuang, al norte del desierto del Taklamakan. Es el punto donde se une el tramo norte y sur de la Ruta de la Seda.

Su mayor atractivo son las cuevas de Mogao, que forman un conjunto de más de 400 templos, decorados con pinturas murales y donde se encuentran miles de esculturas, manuscritos, etc.

Según la leyenda local, en el año 366 a dC, el monje budista Lo-tsun, tuvo una visión de miles de Budas sobre la pared de arenisca de un acantilado y convenció a un acomodado peregrino para que fundara el primero de los templos.

Desde el siglo IV hasta el siglo XIV, los monjes budistas de Dunhuang coleccionaron escrituras traídas del oeste y muchos peregrinos pasaron por la zona, pintando murales en el interior de las cuevas. Estos murales cubren una superficie de 42.000 m² y contienen más de 2.500 esculturas pintadas.

En el siglo XIV las cuevas fueron abandonadas y descubiertas de nuevo en 1900 por un chino taoísta de nombre Wang Yuanlu. Éste vendió varios manuscritos y pinturas intentando recoger fondos para la restauración de los cientos de cuevas del complejo.

En 1907, tras haber oído rumores del descubrimiento, llegó a la zona Aurel Stein, arqueólogo y sinólogo británico de origen austrohúngaro, explorador de Asia Central. Paul Pelliot, de origen francés, llegó casi al mismo tiempo y reclamó todo el material restante. Después de esto, las autoridades chinas ordenaron el traslado a Beijing del material que quedaba en las cuevas.

Se pueden visitar unas 5 o 6 cuevas, donde los monjes budistas fueron excavando y esculpiendo figuras de Buda y Bodhishatvas. Las formas de la ropa, los trajes y las pinturas muestran la influencia de las diversas culturas que se fueron exportando a traves de la Ruta de la Seda. No esta permitida la entrada de cámaras fotográficas, así que tendreis que dejarlas fuera.

Actualmente, Dunhuang está muy bien comunicada con la línia ferrea principal, con una enorme y moderna estación que, incomprensiblemente, se encuentra situada a 14 km. Se trata de una ciudad moderna con calles asfaltadas, grandes aceras y muchísimos carteles de neon, que la convierten en un verdadero oasis en medio del desierto. Aunque eso le ha robado el encanto que debió tener hace unos años, antes de que el gobierno chino decidiera convertirla en una ciudad más modelo “china-han”.

Mas información en la web mesenllà.

Viaje realizado en octubre, noviembre y diciembre de 2007.