Desde Kashgar, la siguiente parada es Dunhuang, al norte del desierto del Taklamakan. Es el punto donde se une el tramo norte y sur de la Ruta de la Seda.
Su mayor atractivo son las cuevas de Mogao, que forman un conjunto de más de 400 templos, decorados con pinturas murales y donde se encuentran miles de esculturas, manuscritos, etc.

Según la leyenda local, en el año 366 a dC, el monje budista Lo-tsun, tuvo una visión de miles de Budas sobre la pared de arenisca de un acantilado y convenció a un acomodado peregrino para que fundara el primero de los templos.
Desde el siglo IV hasta el siglo XIV, los monjes budistas de Dunhuang coleccionaron escrituras traídas del oeste y muchos peregrinos pasaron por la zona, pintando murales en el interior de las cuevas. Estos murales cubren una superficie de 42.000 m² y contienen más de 2.500 esculturas pintadas.
En el siglo XIV las cuevas fueron abandonadas y descubiertas de nuevo en 1900 por un chino taoísta de nombre Wang Yuanlu. Éste vendió varios manuscritos y pinturas intentando recoger fondos para la restauración de los cientos de cuevas del complejo.
En 1907, tras haber oído rumores del descubrimiento, llegó a la zona Aurel Stein, arqueólogo y sinólogo británico de origen austrohúngaro, explorador de Asia Central. Paul Pelliot, de origen francés, llegó casi al mismo tiempo y reclamó todo el material restante. Después de esto, las autoridades chinas ordenaron el traslado a Beijing del material que quedaba en las cuevas.

Se pueden visitar unas 5 o 6 cuevas, donde los monjes budistas fueron excavando y esculpiendo figuras de Buda y Bodhishatvas. Las formas de la ropa, los trajes y las pinturas muestran la influencia de las diversas culturas que se fueron exportando a traves de la Ruta de la Seda. No esta permitida la entrada de cámaras fotográficas, así que tendreis que dejarlas fuera.
Actualmente, Dunhuang está muy bien comunicada con la línia ferrea principal, con una enorme y moderna estación que, incomprensiblemente, se encuentra situada a 14 km. Se trata de una ciudad moderna con calles asfaltadas, grandes aceras y muchísimos carteles de neon, que la convierten en un verdadero oasis en medio del desierto. Aunque eso le ha robado el encanto que debió tener hace unos años, antes de que el gobierno chino decidiera convertirla en una ciudad más modelo “china-han”.
Mas información en la web mesenllà.
Viaje realizado en octubre, noviembre y diciembre de 2007.
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