Patrimonios de la Humanidad olvidados de Turquía: Mezquita Ulu Cami y hospital mental Darussifa de Divrigi

Mezquita Ulu Cami Patrimonio de la HumanidadCamino bajo el entramado de hojas y racimos de uva de unas viñas centenarias. A lado y lado parecen gotear flores de temporada de entre los barrotes de los balcones. Mujeres con chilaba remueven la verdura de las paradas de la calle y un aroma a pan recien hecho invade esta mañana soleada de Divrigi.

Allá donde terminan las casas del pueblo, los campos de cultivo dan forma a un paisaje típicamente rural. En medio de la tierra labrada se alza una colina suave, coronada por una edificación antigua: es el complejo mezquita-madraza y hospital mental Ülu-Cami y Darussifa.

Tengo los ojos clavados en la portalada del hospital. Unos arcos ojivales decorados con geométricas formas, preciosos medallones de piedra e intrincados motivos florales la adornan. Dentro, sobre un suelo de piedra asimétrico, hay una piscina octogonal. El agua, que corría en espiral, calmaba los nervios de los enfermos ya en el año 1299.

Me dirijo a la mezquita. Adosada al hospital, permanece en penumbra, abrigada por alfombras granate extendidas a los pies de un bosque de columnas. La serenidad del espacio me invata a sentarme y relajarme.

De nuevo fuera, unos hombres me hacen señales desde una esquina de la mezquita. Me acerco. Giro la mirada hacia donde me apuntan sus índices i, por momentos, la boca se me queda abierta. Una puerta colosal de estilo rococó ha resurgido sobre las austeras paredes selyúcidas, retorciendo motivos geométricos, dando volumen al follaje en piedra y estilizando inscripciones arábicas de una calidad cautivadora.

Escondida entre las paredes de roca, la puerta norte le ha valido al complejo de Divrigi la calificación de Patrimonio Mundial de la Unesco. Por poco me voy sin verla.

Entrada relacionada: Divrigi, Patrimonio de la Humanidad en Anatolia.

Autora: Núria Borràs. Ha publicado varios artículos en las revistas de viaje Altaïr y Lonely Planet Magazine.

La capital del kurdistan turco: Diyarbakyr

Regresamos a Batman, desde Hasankeyf, con la idea de coger el dolmus de la tarde hacia Diyarbakyr. Como aún tenemos tiempo, nos sentamos en una terraza a tomar çay, invitados por un grupo de jóvenes turcos. Con ellos discutimos sobre el triste proyecto que anegará para siempre el precioso pueblo de Hasankeyf y que cambiará para siempre la región. Nos quedariamos toda la tarde disfrutando de su hospitalidad, pero el dolmus hacia Diyarbakyr no espera y tenemos que despedirnos.

Mujeres charlando en la calleDiyarbakyr es una ciudad viva, que lucha por dejar atrás los años en que era asociada al terrorismo kurdo. Pasear al lado de las murallas, que rodean el casco antiguo, es disfrutar de la sombra de los árboles, la sonrisa de la gente, de las risas de los niños. Adentrarse en las callejuelas es ver la vida de los kurdos, sentir el aroma de las especies y los kebabs, disfrutar con los colores de las frutas y verduras dispuestas en pequeños puestos, probar los quesos y las aceitunas preparadas de diversas formas.

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Hasankeyf, a orillas del Tigris.

Hasankeyf es un pueblo situado en una garganta a orillas del Tigris, uno de los ríos que definen la Mesopotamia, cuna de civilizaciones, junto con el Eufrates.

Vista del antiguo puente sobre el Tigris en HasankeyfLa población es de mayoría kurda y para llegar es necesario sufrir los numerosos controles que los militares turcos imponen para moverse por esta zona.

Se trata de un lugar muy bonito, con verdes llanuras y campos de cultivo que se extienden por las dos orillas del río. La población está dominada por una colina y una fortaleza y, allí donde hay montaña, hace miles de años que los habitantes excavan la roca para vivir dentro.

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