Khiva, una perla en el desierto de Uzbekistán

El viejo tren soviético cruzaba el desierto del Kyzylkum meciéndo a los pasajeros en una olla exprés a más de cuarenta grados de temperatura. Afuera, un paisaje arenoso y de roca desnuda se quemaba bajo un sol despiadado. El desierto del Kyzylkum, “arena roja” en lengua túrquica, se extiende por más de 500.000 kilómetros hasta el desierto del Karakum, o “desierto negro”, de Turkmenistán. Dieciocho horas después de haber salido de Tashkent, la capital de Uzbekistán, llegamos por fin a Urgench, cerca de Khiva y de la frontera con Turkmenistán, donde las cosas se habían complicado las últimas semanas para los viajeros, a los que estaban denegando los visados.

Así, con el visado turkmeno denegado, tuvimos que cruzar este país con una vuelo desde Teheran. En el aeropuerto, dos ciclistas con el visado también denegado, cargaban la bici con la cabeza baja. Ya en el hostel de Tashkent, más de la mitad nos encontrábamos en la misma situación y compartíamos lástimas y quejas con sandía y cerveza.

fiesta en el hostel de Tashkent

Unos cuantos decidimos viajar en tren hasta el punto más alejado de Uzbekistán, al oeste, cerca de la frontera turkmena, donde hubiéramos llegado si lo hubiéramos hecho por tierra. Y allí estábamos, a más de 45 grados de temperatura, un ambiente caliente que casi no nos dejaba respirar.

Khiva, la ciudad de las mil y una noche

Urgench fue una importante ciudad caravanera durante su época de esplendor, cuando el río Amu Darya moría en el Mar de Aral. Sin embargo, nuestros pasos se dirigieron hacia Khiva, unos 30 kilómetros más al sur, una de las ciudades oasis que se balanceaba en nuestros pensamientos desde hacía años. Khiva florecia como ciudad de la Ruta de la Seda entre los siglos X y XIV, cuando se fundó el janato, uno de los más crueles de toda Asia Central.

Khiva desde el minarete

Como cada día a estas horas, el sol quemaba la piel y deslumbraba con un resplandor casi fosforescente. No tuvimos tiempo de cubrirnos que ya saltamos a la sombra de un toldo de madera y cañizo, bajo un letrero que ponia “Lali Opa Guesthouse”. El propietario, tremendamente discreto y amable, nos invito a echar un vistazo. La guesthouse tiene una terraza y una zona común con alfombras y bancos para relajarse, neveras para uso de los huéspedes y una cocinita. Nos hace un buen precio, unos 11 dólares por persona en el dormitorio o unos 25 dólares en la habitación doble con baño. El desayuno está incluido, y el precio nos parece correcto, vistos los precios que se están pagando en Uzbekistán.

Una vez instalados, salimos al balcón, ahora protegidos con las gafas de sol. ¡La vista es extraordinaria! La guesthouse Lali Opa se encuentra en frente de la puerta oeste de la Itchan Qala, la ciudad amurallada flanqueada por unas magníficas murallas de adobe abombadas.

Entrada a la ciudad antigua de Khiva

Hacia las seis, cuando el sol parece que quiera empezar a retirarse, salimos a hacer la visita. Desde la puerta oeste nos adentramos en un museo al aire libre repleto de mezquitas, madrasas, mausoleos, antiguos caravanserais reconvertidos en mezquitas, amplios patios, minaretes… paseamos por los callejones de la Itchan Qala descubriendo uno a uno los monumentos restaurados por los soviéticos en el siglo XIX, pero que nos permiten sentir como que hemos entrado en el pasado.

Núria ante la puerta de una madraza en Khiva

Sí, es un museo al aire libre donde se ha echado a la población local, pero eso no quita que sea una maravilla pasear y descubrir minaretes de mosaicos de colores, intrincados dibujos geométricos en los pishtaks (arcos de las puertas de entrada), mezquitas con brillantes cúpulas turquesa y madrasas impresionantes de puertas flanqueadas por minaretes de estilo islámico antiguo.

Muralla de Khiva y madraza

Minarete en Khiva, Uzbekistán

Los pasos nos llevan hasta la puerta este donde, ya fuera de la ciudad, se ubicaba el tristemente famoso mercado de esclavos de Khiva, el mercado de Dejon. Hacemos media vuelta y volvemos a entrar en la ciudad antigua. Embobados, subimos las empinadas escaleras de caracol del minarete más alto de Khiva, uno de los más bonitos de Asia Central. Con sus 45 metros de alto, el Islam Khoja está decorado con mosaicos de colores azules. Desde arriba se lanzaban a los condenados a morir. El panorama para el turista es embriagador, con todas las cúpulas, patios y minaretes a nuestros pies.

Minarete Islam Khoja

Madrasa de Mohamed Rakhim-khan II en Khiva

Madrazas y palacios de Khiva

Información de interés sobre Khiva

Alojamiento: Lali Opa Guesthouse, 11 A. Rakhmanov street, 220900 Khiva, www.laliopa.com; email de contacto: laliopa@mail.ru (si reservas por correo te ahorrarás los $2 por persona de tasa que cobra el gobierno), teléfono (+99862) 3754449. Está situado en frente de la puerta Oeste, la puerta principal. Recomendable para presupuestos ajustados.

Cómo ir: desde Tashkent cogemos un tren nocturno, en cabina abierta, segunda clase 75.000 soms por persona, hasta Urgench. Son 18 horas y no hay aire acondicionado. Elige las literas de arriba, son más frescas porque se puede abrir la ventanilla. Otra opción, menos pesada y más cara, es coger un vuelo. Una vez en Urgench, un taxi compartido hasta Khiva cuesta 5000 soms por persona.

Moneda: La moneda nacional es el Som. Cambia en la calle, porque el precio oficial es muy malo. Es completamente fiable, no hay que sufrir por nada. En el momento de nuestro viaje, julio de 2015, el euro se cambiaba alrededor de 4700 soms y el dólar por unos 4500.

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