Masuleh, donde las calles son los tejados

Sentados en la tetería de Amir, saboreamos un chai tras un día duro: tren nocturno de Tabriz a Qazvin, 2 kilómetros andando por la contaminada ciudad hasta la estación de autobuses, bus hasta Rasht que nos deja en plena autovía a 20 kilómetros de nuestro destino, un coche que nos lleva hasta la ciudad, bronca con este conductor maleducado, minibús a Fuman y, finalmente, un taxi a Masuleh.

Masuleh es un pequeño pueblo que se extiende por la falda casi vertical de la montaña. Los lugareños han desarrollado una técnica constructiva ingeniosa, que les ha permitido levantar casas de hasta 3 pisos de altura y aprovechar el techo como calles.

Masuleh

Masuleh

Este parecía el lugar ideal para descansar y tomar un poco de aire fresco, pero… al llegar, vemos coches y más coches, dos autobuses y cientos de personas en el pueblo. Parece ser que es el aniversario de la muerte de no sabemos qué mullah y son tres días de fiesta. Vaya, que todos los iraníes han tenido la misma idea que nosotros: el pueblo está desbordado y no hay alojamientos libres.

Así que lo mejor que podemos hacer es sentarnos a tomar un chai, descansar y esperar que la solución llegue por si misma. Y la solución se viste en forma de Amir, que nos sirve dos tés y, nos ofrece alquilar su casa. Vaya, su palacete: una sala-comedor-habitación llena de alfombras en el suelo, baño, vistas a las montañas y ¡una cocina! Y no perdemos el tiempo, ducha, descanso, paseo por el pueblo, visita al supermercado y, sobre todo, la ensalada y la tortilla de patatas de bolsa, nos ha revivido.

Levantarse en Masooleh, ver el paisaje verde y montañoso y respirar aire puro es toda una alegria. Esta mañana hemos quedado con dos chicos iraníes que conocimos ayer. Pasamos el mediodía en su terraza, tomando café y pastas y charlando. Por la tarde nos invitan a acompañarlos a caminar por las montañas, ¡toda una delicia!

Juntos visitamos un pequeño templo Zoroastro en medio del bosque, reconvertido – como no – en un mausoleo musulmán. La religión zorastra es muy antigua, previa al cristianismo y al islam. Sus fieles adoraban el sol y todavía hoy es posible encontrar numerosos creyentes repartidos por todo Irán. En los templos tienen un fuego encendido que no se ha apagado desde hace cientos de años.

Masuleh

El símbolo Zoroastro del pequeño templo, ha sido arrancado de la pared, dejando a la vista la piedra antigua de la construcción. Lo han arrancado recientemente, no debe hacer ni una semana, según nos comentan los amigos. Pero en el exterior, escondido por las ramas de un árbol, aún se ven los símbolos que identifican el templo como zorastra: un espejo para reflejar el sol y encima, unas cejas pintadas.

Pasamos dos días más en Masuleh, disfrutando del entorno, del buen comer y de las nuevas amistades, antes de marchar a Anzali para ver el Caspio.

Masuleh, donde las calles son los tejados
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