Montañas de Georgia: Kazbegi, la iglesia de Gergeti

Aquella mañana madrugamos un poco más que de costumbre, no para aprovechar mejor las horas en que no hace tanto calor en Tbilisi, que son pocas ya a finales de julio, sinó porque queríamos coger el marshutka hacia Kazbegi.

El pueblo de Kazbegi, rebautizado como Stepansminda, se situa a 1750 metros de altura en medio de un abrupto y verde valle, a pocos kilómetros de la frontera rusa y es uno de los destinos más populares y accesibles desde Tbilisi. Es la iglesia de Tsminda Sameba o Gergeti Church, emplazada en la cima de una montaña, la que está presente en todos los trípticos turísticos de Georgia, con el valle al fondo y las montañas nevadas que la rodean.

Gergeti Church, Kazbegi, Georgia

Al llegar a la estación de Didube, las voces que gritan los destinos se hacen escuchar, a veces a un palmo de nuestros oídos: ¡Batumi, Kazbegi, Borjomi…! No, no queremos ir en taxi, queremos ir en marshutka, pues es más barato. Se resignan y enseguida nos indican dónde hay que ir: pasado el mercado.

Es un mercadillo de fruta y verdura, quesos, especias y kachapuris. No puedo resistirme y paro a comprar. Esas pastas de hojaldre rellenas de queso hacen tan buena pinta… Pago los 50 céntimos de euro que cuesta una de ellas y seguimos hacia donde nos han indicado, bajo la mirada burlona de Lluís:

– ¿Vuelves a tener hambre?

La marshutka se llena y salimos, puntales. Hay una cada hora. No soy la única que ha parado a comprar pastas de queso, todos los niños las comen, junto con una fanta.

Emprendemos la marcha por la Georgian Military Highway, que lleva hacia Rusia. A medida que avanzamos y dejamos la ciudad, el paisaje se va haciendo bonito, se suaviza y por fin se hace verde. Junto a la presa del lago Aragvi vemos la fortaleza de Ananuri, custodiada por una veintena de furgonetas turísticas. Más adelante una estación de esquí y un extraño mirador circular, con pinturas que simbolizan la paz con Rusia. Todo esto se sucede a través de la ventanilla de nuestra marshutka desvencijada, pues no, el conductor no va a parar.

El pueblo de Kazbegi es pequeño. Crece en el margen derecho de un río poco caudaloso, en el valle que forman dos cordilleras que se elevan abruptamente casi desde sus pies. Verdes son sus laderas, de hierba rasa; y verdes los contados grupos de árboles que las cubren. Por detrás asoman imponentes las montañas de 4 y 5.000 metros, que nos dejan boquiabiertos por sus cumbres nevadas.

Kazbegi mountains, Georgia
Kazbegi mountains, Georgia

La iglesia Tsimida Sameba, visible desde la misma calle principal donde nos deja la marshutka, se vislumbra misteriosa, con el halo de nubes que la envuelven. Tan misteriosa, que sólo piensas en subir. Pero nos dejamos llevar por la apremiante necesidad de comer, que se antepone a las visitas cuando el viaje es largo.

Y entonces suceden aquellas cosas que siempre recordarás y que nos hacen sentir un poquito más felices. Es cuando los dados se han tirado y el destino nos acerca a Miguel y Mónica, una pareja sensible y alegre cargada de inquietudes viajeras. Qué suerte compartir experiencias y viaje. Miguel y Mónica llegaron a Kazbegi un hora antes que nosotros, y ya se habían embelesado de la iglesia, con quien decidían, a trío, si subían hoy o mañana.

Lo hicimos los cuatro, juntos, el día siguiente. Por eso recomendamos caminar y subir y sudar hasta alcanzar la cima. Con ella llegará la satisfacción de haberlo conseguido. Tan sólo será una hora y media de ascensión y el regalo de unas vistas espléndidas desde todos los ángulos. Con este paisaje impresionante, la visita a la pequeña y oscura iglesia casi pasará desapercibida.

Si se opta por subir en taxi, en el pueblo los taxistas hacen pagar 50 laris, unos 20 euros.

Sí, es caro. Kazbegi es más caro que Mestia o Tbilisi. Aparte de un hotel y otro en construcción, el alojamiento es en casas particulares (homestays) no muy confortables pero limpias. Y es que, lejos de las construcciones futuristas de la capital, Georgia es un país pobre, mayoritariamente rural, sin industria, un país que debe importar casi la mayoría de los productos derivados.

Alojamiento con familias

Nos alojamos con Dodo, una mujer de unos 45 o 50 años que esperaba pacientemente en la parada de marshutkas para ver si la suerte estaba de su lado y podía alojar a alguno de los recién llegados. Me gustó su discreción al acercarse y permitirme, sin ningún tipo de asedio, ir a comer. Así es como fuimos a parar a su humilde y diminuta casa. Y fue un acierto.  Contratamos el desayuno y la cena -para los dos- por 70 laris (28 euros). El desayuno, potente, al estilo georgiano, con patatas, ensalada, huevos, café, te… nos dejó saciados, demasiado como para emprender la subida. Las dos cenas fueron sencillamente deliciosas, con kachapuri, sopa, ensaladas, kebap…

Dodo Homestay, Kazbegi, Georgia

Si os alojais en Kazbegi, no dudéis en hacerlo en una homestay o casa particular. Es una manera perfecta de contribuir a la precaria economía doméstica y la mejor manera de conocer la gastronomía local, que es natural, fresca y abundante.

El paisaje que envuelve Kazbegi es espectacular, pero la infraestructura turística dista mucho de la que encontramos en Mestia. Necesita la inversión del gobierno para adecuar la riqueza natural a las espectativas del turismo. Asociación de guías, de transporte, rutas de trekking marcadas, mapas informativos… Quizás una asociación como la que funciona tan bien en Kirguistán, que se basa en el turismo comunitario, llamada CBT (Community Based Tourism), que gestione el potencial turístico, lo ordene y lo organize. Una organización en la que los beneficios del turismo reviertan directamente en la comunidad.

Montañas de Georgia: Kazbegi, la iglesia de Gergeti
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