
Shenzen
Aquella mañana dejamos con gran alegría las Chung King Mansions y con el metro nos dirigimos hacia la frontera. El trámite aduanero fue rápido e indoloro y unos instantes después ya dejábamos las mochilas en la consigna de la estación de tren de Shenzhen.
Con los billetes en el bolsillo, comprados con antelación en Hong Kong, fuimos a dar una vuelta por la ciudad, sin alejarnos demasiado de la estación.
Lo primero, ir a comer. Como ya nos sabemos la historia que si no hay fotos de los platos, en China lo tienes difícil para comer, buscamos un restaurante con esta característica. Encontramos uno no demasiado alejado, donde las fotos están en un panel en la pared.
Modo de pedir la comida:
1 – Intentar que el chino venga hasta el panel. Imposible.
2 – Señalar los platos que queremos. El camarero apunta los que no son (comprobad los precios)
3 – Hacer fotos del plato y mostrárselos con la cámara. Ahh… ¿estos queríais?

Como curiosidad, decir que un señor chino, sudoroso y barrigudo, se cambia de ropa en la mesa de al lado. Así que tenemos una especie de comida y striptease combinado.
Al salir del restaurante atracamos una deliciosa pastelería y damos una vuelta por los alrededores. Localizamos un centro comercial donde hay baños. ¡Adentro! En el sótano hay un supermercado donde compramos platos preparados para cenar. Y a poca distancia de aquí encontramos un pequeño complejo de cafeterías con terrazas muy agradables. Nos aparcamos allí, matando las horas hasta la salida del tren.
Guilin
A la hora prevista, muy puntuales, cogemos el tren y nos plantamos en Guilin, después de 14 cómodas horas.
Una de las cosas más importantes cuando viajamos en tren por China, es el café. Como en estos trenes dispones de agua caliente potable, qué mejor que comprar un bote de café soluble y leche condensada para matar las horas. ¡Y con unas pastas disfrutaremos de un buen desayuno!
Interior del tren, vagón de litera dura.
En Guilin tomamos un bus que en dos horas nos deja en Yangshuo. Hemos disfrutado mucho de este trayecto, el paisaje es espectacular, un aperitivo de lo que vendría después.
Yangshuo y Xinping
Yangshuo es una ciudad extremadamente turística, llena de restaurantes, cafeterías y hoteles. Como el incombustible Iconoclasta - El Último Bazar - nos ha recomendado alojarnos en Xinping, dejamos los buscavidas de los hoteles charlando y subimos en un minibús que en una horita nos deja en el pequeño pueblo.
Xinping, situado a orillas del río Li, tiene un casco antiguo precioso. Tranquilidad absoluta, pocos hoteles y pocos restaurantes y al caer la tarde, ningún grupo de turistas chinos. Perfecto.

Nos alojamos en un hostel muy bonito donde nos hacemos el carné de International Hostel porque así nos sale más económico.
Pero como todo perfecto no puede ser, en este pueblo no cambian moneda y tampoco hay cajeros. Así que toca coger otra vez el bus y volver a Yangshuo. ¡Estáis avisados!
Y ya que estamos en Yangshuo, ¿porque no disfrutar de lo que nos ofrece? En un restaurante comemos un delicioso plato de tofu con tomate, que rematamos en una pastelería con un buen pedazo de pastel y un café espresso.

¡Como nos está gustando China!
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