Por la Ruta de la Seda: bordeando el desierto del Taklamakán por el ramal norte

De Kashgar a Turpan y Dunhuang.

Mientras me pregunto si las 30 inacabables horas de recorrido por el tramo norte de la Ruta de la Seda serán suficientes para dejar atrás el desierto infinito de piedra y roca, el tren comienza a detenerse. Las puertas se abren, pesadas, dejando entrever una estación aún adormecida. Me apeo del tren y ando lentamente bajo la protección de un porche metálico de nueva construcción. En unos minutos, el ambiente grisáceo de la estación se llena de gente que corre a ríos en una única dirección. El bochorno me hace sudar espalda abajo y el gentío me empuja hacia la salida. De repente, el universo se vuelve naranja, como si lo viera a través de un filtro de la cámara. La tierra es naranja, el cielo naranja, el aire que respiro, naranja. La inmensidad del desierto del Taklamakán cae sobre mi, implacable, golpeándome en la cara, aturdiéndome, ahogándome con su aliento caliente.

Fotografia: Imagen del desierto del Taklamakan, extraída de http://www.virginmedia.com


Por los caminos del Mundo. Monasterio de Labrang, Xiahe, Tibet histórico

Monasterio de LabrangRespiro con dificultad, espasmódicamente. A cada paso que doy, las piernas más me pesan y la cabeza me duele y me baila de un lugar a otro. El templo de la derecha se me nubla y siento que pierdo el equilibrio. De repente, una mano providencial aparece por detrás y me sujeta fuerte del brazo, evitándome una caída inminente. Me conduce hacia la puerta del templo y me ayuda a sentarme en el rellano. Chirrían los molinillos de oración y sus giros me marean aún más. Respiro hondo, llenándome tanto de aire como puedo, hasta que consigo recobrar el aliento. La mujer se despide y continúa su kora diaria.

Encajado en una planicie rodeada de altas montañas a 3.000 metros de altura, el complejo monástico de Labrang, en el antiguo Tibet –actualmente dentro de la provincia de Gansu- es uno de los seis más grandes de la orden Gelupka. Sus edificaciones pueden alojar hasta 4.000 monjes. Templos, estupas, salas de oración, altares y seis escuelas monásticas se suceden intramuros. Tejados dorados de estilo arquitectónico tibetano-han decoran 18 preciosos templos.

Un murmullo suave danza por los callejones cercanos al río, oraciones melódicas de entre las que emerge el sonido primordial, la sílaba om, que se repite sin final. He de reiniciar el camino delante de los mismos molinillos de oración que no he llegado a girar, pero me desanimo: ¡deben quedarme centenares aún! Los veo bien alineados, pequeños pero pesados, incrustados en unos muros que se alargan sin límite hasta que se los traga la penumbra. Hasta el brazo se queja de tantos que ha girado. No os había dicho aún que la kora o circuito ritual de Labrang tiene 3 kilómetros de muros encalados en blanco y 1.174 molinillos de oración que esperan ser girados.

Mañana lo volveré a intentar.

Autora: Núria Borràs. Ha publicado varios artículos en las revistas de viaje Altaïr y Lonely Planet Magazine.

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