Amasya, la ciudad del geógrafo y viajero Estrabón

La ciudad de Amasya se cobija entre las montañas de un estrecho valle, cerca del Mar Negro, protegida al norte por un alto risco deificado, donde los Pontos esculpieron en la piedra caliza las tumbas de sus reyes. Esta antigua ciudad parece discurrir aletargada a orillas del río Yesil, donde preciosas casas otomanas con balcones de madera se agolpan sobre sus aguas. La imagen desde el río es bellísima.

Amasya_y_el_río

Es famosa por ser la ciudad donde nació Estrabón, el gran viajero y geógrafo que en el año 29 a.C. publicó su obra Geográfica, en el que se detalla el mundo tal y como se conocía en la antigüedad.

Amasya ya estaba habitada en el año 5.500 a.C. Fue conquistada por Alejandro Magno, gobernada por un reino sátrapa y dominó la gran parte de Anatolia en la época del rey Mitríades II, bajo el gobierno de los reyes pónticos – un estado heredero de la cultura persa – con los cuales empezó su época dorada. Su legado se refleja en las imponentes tumbas esculpidas en la montaña, similares a las de Naqsh-e-Rustam en Iran, aunque menos espectaculares.

Tumbas pónticas de Amasya

Amasya

El acceso a las tumbas es fácil, si bien hay que ascender un buen puñado de escalones desde los puestos de recuerdos. Una vez arriba y visitadas las tumbas, entre escaleras y túneles horadados en la roca, la imagen de Amasya vuelve a ser magnífica. Las ciudades antigua y moderna se desparraman a nuestros pies: despuntan estilizados minaretes sobre entoldados de heladerías, se entremezclan mezquitas con tiendas de electrodomésticos, hammams con restaurantes para turistas y antiguas madrasas (escuelas coránicas) con escaparates de moda.

La visita a esta vibrante ciudad no ha hecho más que empezar. Visitamos mezquitas, madrasas, hammams (baños turcos) y casas otomanas hasta saciarnos: la Beyazit Paça Camii, con dos cúpulas gemelas; la Gumuslu Camii, con la cúpula de madera; la Burmali Minare Camii, con su minarete en forma de espiral; la Sultan Beyazit II Camii, el complejo-mezquita más grande de Amasya; o el Vakif Bedesten Kapali Karsi y el Tas Han, el mercado cubierto y el caravasar otomano.

Hospital mental en Amasya

Amasya

Mezquita en Amasya

Madraza octogonal en Amasya

La guinda de la visita serán todos y cada uno de los tés calientes que seáis capaces de tomar en la bahçesi (tetería al aire libre) que queda escondida entre el caravasar y el gremio de los artesanos del metal, en un ambiente entrañable.

Cartel anunciando te, en Amasya

tetería al aire libre en Amasya

Al caer la tarde, el río nos dirige ineludiblemente hacia su paseo, donde se relaja una densa presencia de turistas turcos empuñando voluminosos helados. Sobre el río resplandecen las tumbas pónticas iluminadas y, al otro lado del puente nos espera el barrio de casas otomanas Hatuniye Mahallesi, ahora reconvertidas en hoteles y restaurantes. Un romántico espectáculo para despedimos de esta bonita ciudad y de este magnífico viaje. Comemos unos deliciosos mezzes y unos köftes (albóndigas de carne) en un restaurante con vistas al río y nos relajamos escuchando apasionada música turca en vivo.

Cantautor en Amasya

Amasya de noche

Tras dos días en esta bonita ciudad, finalizamos el viaje por esta parte de Turquía que queda entre el Mar Negro y la Anatolia. No quiero terminar sin dejar de recomendar toda esta región, aún desconocida por la mayoría del turismo occidental, y muy interesante para todo aquel que quiera conocer un poco más sobre arquitectura Selyúcida y Otomana. 

Amasya, la ciudad del geógrafo y viajero Estrabón
Ayudanos a mejorar, valora la entrada!

Entradas relacionadas

2 comentarios en “Amasya, la ciudad del geógrafo y viajero Estrabón

    • Si te digo la verdad, no conozco ningún lugar de Turquía que no nos haya gustado! 🙂 Si te gustaron los helados de Amasya, deberías ir a Sanliurfa porque los de pistacho eran increíbles!

      un fuerte abrazo!!

Deja un comentario

veinte − 10 =