Invitados a una boda en las Cameron Highlands

Con la mirada alzada sobre los exuberantes campos de té que se extendían en un sinfín de colinas onduladas más allá de nuestra vista, decidimos que la mañana había sido más que provechosa: habíamos conseguido llegar en transporte público hasta la factoría Boh Tea -una de las más importantes de las Cameron Highlands, en Malasia- habíamos paseado entre los arbustos camelia sinensis que producen el té, habíamos visitado la factoría en un tour que nos mostró el proceso de producción y hasta degustamos una taza de té con jengibre, limón, raíz de regaliz y un toque de hierbabuena que nos delató el sabor del té de esta zona.

Campos de Boh Tea en Cameron Highlands

Campo y factoría Boh Tea en Cameron Highlands

Un mar de te en Cameron Highlands

Era hora pues, de volver a Tanah Rata, la ciudad donde nos alojábamos en las Cameron Highlands. Para ello debíamos desandar el camino andado hasta la factoría, unos cuatro kilómetros de estrecha carretera asfaltada que serpenteaba las colinas repletas de camelia sinensis y que ahora presentíamos inasumibles bajo el sol abrasador y esa humedad vaporosa y asfixiante que sufre Malasia durante prácticamente todo el año.

¿Y si hacemos autostop?

No tuvimos tiempo de pensárnoslo demasiado, pues tras nuestros pasos jadeantes por la carretera oímos el sonido del motor de un posible vehículo que nos salvaría de la caminata. Me giré, di un salto para ponerme de cara al vehículo e hice la señal del autostop.

¡Y frenó!

Una flamante camioneta todo-terreno negra se detuvo a nuestro lado. Me acerqué a la ventanilla, que bajó lentamente ante nuestra curiosa mirada mostrando una cara redonda de aspecto joven que nos invitaba a subir. El chico nos informó que sólo podía llevarnos hasta Bringchang, el pueblo anterior a Tanah Rata, y nos pareció bien, pues allí podíamos coger el autobús de vuelta. Poco podíamos imaginar lo que nos tenía reservado el día…

A los pocos minutos de ruta y entre los saludos de bienvenida, nuestro conductor desenvainó un interrogatorio que se salía de lo habitual en un primer contacto: porqué visitáis Malasia, qué os interesa del país, qué pensáis de nuestra cultura… Tuvimos que esmerarnos en las respuestas, no fuese que nos dejase tirados en medio de aquellas colinas.

Cuando llegamos a Bringchang, el vehículo no se detuvo en la parada de autobús como habíamos quedado y sí enfrente de unos edificios que se encontraban mucho más allá. El chico nos pidió que le esperáramos unos minutos. Vale.

Al cabo de un rato, alguien vestido con una finísima camisa de seda marrón holgada hasta las rodillas, pantalones estrechos a juego y un sombrero anudado a un lado de la cabeza como si de un paje se tratara, se acercó al todo-terreno. El tipo abrió la puerta del conductor, se sentó al volante y, ante nuestra mirada perpleja, dijo: “Voy a la boda de mi sobrino, soy el padrino y estáis invitados”.

¡Pero si es nuestro anfitrión! Con ese porte tan festivo no lo habíamos reconocido. Entonces caímos en la cuenta que durante el trayecto nos hizo todas aquellas preguntas para comprobar si ver si sería prudente invitarnos a la boda, y parece ser que superamos la prueba.

INVITADOS A UNA BODA EN LAS CAMERON HIGHLANDS

Así fue como nos presentamos en casa del novio con nuestras mejores galas: pantalones hippies, camiseta deportiva, mochila a la espalda y cámara colgando. “No pasa nada, sois extranjeros”, nos dijo el padrino. Felicitamos al novio y a sus padres y los acompañamos en larga procesión de coches engalanados con flores hasta el recinto donde se celebraría el festejo. Constaba de dos zonas, una interior, con una gran carpa en la que había dispuestas las mesas para los novios y los familiares y otra exterior, con capacidad para unos 300 invitados.

A la entrada del recinto esperamos a la novia, que realizaba su segunda boda con el mismo novio. En Malasia, cuando los novios viven en ciudades diferentes, se celebra una boda en la ciudad de ella y otra boda en la ciudad de él. Lo curioso es que, en estos casos, el padrino y los padres de él son los encargados de recibir a los invitados de la boda “de ella”, y al revés.

Se colocan a la entrada del recinto y no se mueven de allí durante toda la celebración -unas 4 o 5 horas- recibiendo los regalos y dando la bienvenida a invitados, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, de universidad, conocidos y todos aquellos que desean felicitar a los novios, esto es, todo el pueblo. Las puertas se mantendrían abiertas durante todo este tiempo y cualquiera podía pasar a saludar y a comer.

Puntual, llegó la novia, preciosa, con un vestido tradicional largo de color morado, sin escotes y con un fino pañuelo que le cubría la cabeza -en Malasia la mayoría de la población es musulmana-. La acompañaban sus padres y familiares con elegantes vestidos tradicionales y tocados con una flor del mismo color que el vestido de la novia, una estridente banda de música y mucho albedrío. Se dirigieron a la carpa interior, donde la esperaba el novio y su segunda boda.

Comitiva de la boda en Cameron Highlands

La pareja de novios de la boda en Cameron Highlands

Nosotros, para que pudiésemos participar desde dentro de la ceremonia y no nos perdiésemos detalle, fuimos reclamados por nuestro nuevo amigo para acompañar en la tarea de recepción de los invitados, cosa que los padres de la novia recibieron con entusiasmo, pues parece que es un honor tener a extranjeros en una boda. Qué curioso ¡el honor era nuestro por haber sido invitados!

Más tarde nos dispensaron de nuestra labor y fuimos a disfrutar del festín. Arroz blanco, arroz con especias, pollo y pescado al curry, asado, frito o con vegetales, sopas, refrescos, té a discreción, pasteles, pastelitos, cremas dulces, galletitas y un sinfín de platos típicos dispuestos en bandejas que los invitados se afanaban en vaciar al tiempo que nos detallaban las gracias de cada plato y nos animaban a probarlos.

Buffet en la boda en Cameron Highlands

Gambas con vermicelli en la boda en Cameron Highlands

Pescado con verduras en la boda en Cameron Highlands

Con la fiesta avanzada y la música ya en marcha, entramos en el recinto VIP a saludar a los protagonistas. Los vimos en el escenario, donde se había formado una cola para fotografiarse con ellos. La expresión de los novios denotaba la resignación de una segunda y agotadora sesión fotográfica que parecía no tener fin.

Fue al acercarnos al escenario a saludarles cuando se truncó el orden y se echó a perder el protocolo: los invitados rompieron la cola que guardaban y se lanzaron a estrecharnos la mano, los fotógrafos contratados por los novios giraron sus objetivos hacia nosotros y paulatinamente fuimos empujados hacia arriba del escenario donde comenzaron las nuevas fotos de grupo con nosotros como protagonistas.

Los novios habían recuperado la vitalidad, abandonaron de un salto su aburrida posición y, como si jugaran al juego de las sillas, nos acomodaron en sus asientos de honor sosteniendo las plumas tradicionales y agitándolas sobre nuestras cabezas en señal de felicitación, mientras se retorcían de la risa.

Foto tradicional con los novios en la boda en Cameron Highlands
Foto de boda tradicional con la pareja de recién casados
Intercambio para la foto tradicional de la boda en Cameron Highlands
Cambiamos los papeles…

Nos hicimos fotos y más fotos con los invitados y los novios suplantados, charlamos con ellos, participamos de las canciones y escuchamos de viva voz la historia de amor que unió a estos dos jóvenes en el jardín de la universidad donde estudiaban.

Foto con el padrino de boda en Cameron Highlands
El padrino de la boda y Núria

Al final del día, con decenas de fotos colgadas en Instagram y Facebook de la boda de Tanah Rata con dos extranjeros salidos del cuento de Cenicienta, concluimos que había sido un día provechoso y fantástico en las Cameron Highlands.

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