Bomdila, a medio camino de Tawang

En el patio, las enormes ollas estaban llenas de arroz y de lentejas y los niños hacían cola para recibir la comida. Los profesores salían de las aulas con el teléfono móvil, dispuestos a fotografiarnos y algunos niños se nos acercaban con el plato por terminar.

El juego de las preguntas y respuestas se había terminado y los niños marchaban corriendo a la escuela para continuar las clases. Con este entretenimiento, habíamos podido saber que la mayoría eran de Tawang y que ya llevaban aquí algunos meses, los más mayores incluso años.

Al fondo, el viejo monasterio lucía con un blanco intenso bajo el cielo gris. Dos monjes charlaban animadamente, sentados en el prado, con el paisaje de las montañas al fondo. Uno de ellos, abrió la puerta y el olor del incienso, recién quemado, nos impregnó. El interior estaba oscuro, pero eso no impidió que pudiéramos admirar las figuras del Buda y de Padmasambhava, el sabio que llevó el budismo al Tibet.

Fuera, la fina lluvia invitaba a regresar al pueblo. Era ya hora de comer y el restaurante del hotel, la calefacción y la película de Bollywood, ambientada en una “cantaora” flamenca, nos hacía olvidar las penurias de los días anteriores.

Y es que llegar a Bomdila no había sido fácil: la carretera estaba en muy mal estado y en los tramos en que sólo podía pasar un vehículo el precipicio se veía amenazante.

La guesthouse donde habíamos decidido pasar la noche estaba en las afueras, junto a un monasterio, en lo alto de una colina. Aunque habíamos sido previsores llevando los sacos de dormir, el frío era intenso. Y no dedujimos que estábamos a mucha altura hasta que el dolor de cabeza, el mareo y el vómito hicieron acto de presencia.

Así que al día siguiente cogimos las mochilas y bajamos al pueblo, buscando otro alojamiento, huyendo de las recomendaciones de la guía Lonely Planet.

Y así fue que encontramos un hotel de tres estrellas en el centro del pueblo. El único de esta categoría en Arunachal, según nos dijeron orgullosamente sus propietarios.

Cogimos la habitación más lujosa, que disponía de calefacción con bomba de calor. Pero tenía un huésped inesperado: un ratón, que a pesar de no pagar por el alojamiento, no estaba dispuesto a dejarla fácilmente. Así que tuvimos que ser nosotros los que volviéramos a cambiar de habitación entre las risas de recepción.

Pero ya estábamos en Bomdlila, habíamos obtenido los permisos de Arunachal, habíamos conseguido cruzar el punto de control a pesar de viajar sin el guía obligatorio y sobre todo, estábamos más cerca de Tawang: el verdadero objetivo de este viaje.

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2 comentarios en “Bomdila, a medio camino de Tawang

    • Hay viajes en que las guias te ayudan a planificar el itinerario y con mucha suerte te sirven a la hora de encontrar alojamiento y restaurantes. En este caso, la guia no nos ha servido de nada. Las cuatro cosas de que habla son las que dicen las agencias locales, que lo único que hacen es sumar sitios innecesarios para cobrar al viajero mucho más de lo que previamente haya pagado.

      Entiendo que vayas a China y la guía no sirva porque las cosas han cambiado. Pero en Arunachal la habrán hecho de oídas porque allí no ha cambiado nada en años.

      saludos!!

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