Borjomi, bosques frescos y el balneario más bello de Georgia

Borjomi es una ciudad situada a 2 horas de Tbilisi, que parece querer despertar de la somnolencia en la que vive desde la desfragmentacion de la URSS. Fue en sus tiempos una ciudad balneario, una de las preferidas por la aristocracia soviética, gracias a las aguas termales y medicinales que surgían de la tierra.

Borjomi se encuentra en la línea que une Batumi, Kutaisi y Tbilisi y es una buena parada por si se visitan las cuevas de Vardzia, situadas más al sur. Nosotros hemos ido para escapar del calor sofocante de la capital, atraídos por la naturaleza: Borjomi es la puerta de entrada del Parque Nacional Kharagauli, el primer Parque Nacional creado en Georgia.

Desde Tbilisi, cogimos el metro hasta la parada de Didube. Allí esquivamos todos los taxistas hasta que encontramos la marshrutka (nombre dado a las furgonetas que transportan pasajeros) que en dos horas nos llevaría a Borjomi. Nos dijeron que salían a las horas en punto, o antes si se llenaban. Y la furgoneta salió, llena hasta la bandera.

Los conductores de aquí, como los de la mayoría de países donde hemos estado, no sólo no saben conducir sino que ponen en peligro la vida de los pasajeros. Este también tenía prisa por llegar a destino y los golpes de volante, las frenadas en seco y los gritos a los demás conductores no pararon en todo el recorrido. Al menos, al poco de dejar la capital empezamos a notar que el aire era mas fresco, y más aún a medida que nos adentrábamos en las montañas.

Al ver que llegábamos a Borjomi, le decimos al conductor la palabra que nos habían hecho aprender: “tredis jiri”, el nombre de uno de los puentes de la ciudad. Desde el puente ya veíamos el edificio de quince pisos de color rosa, de la época soviética, destartalado, sin ascensor, donde debíamos pernoctar. Nos quedamos un rato ante la entrada pensando si llamábamos al timbre o nos ibamos a buscar un hotel. Pero enseguida apareció Eka, desde la planta baja, y con su sonrisa apacible nos invitó a pasar. Veníamos recomendados por una amiga suya y fue todo un acierto. La casa que vive es grande y Eka se encarga de que no nos falte de nada: toallas, té, café… Contratamos también la cena, y a las ocho en punto estaba cada noche la mesa puesta con platos deliciosos y caseros, la mejor manera que hemos tenido de conocer la cocina georgiana.

Borjomi se extiende a lo largo del río Mtkvari, con pequeñas tiendas, casas de planta baja y algún edificio de la época soviética en deplorable estado de conservación. Se adentra hacia las montañas, donde está la entrada del parque de aguas minerales. Por el paseo junto al rio, destacan las antiguas casas de balcones de madera, el antiguo y elegante hotel Firouzi y los quioscos junto al río, donde el agua baja atronadora.

Antigua fábrica de embotellado de agua de Borjomi

antiguo edificio en Borjomi

Bebiendo zumo de frutas en Borjomi

Al pasear por aquí, hay que acordarse de llevar una botella vacía, para luego llenar de agua ligeramente gaseosa, ante el manantial. Esta agua se conoce en toda Georgia por sus cualidades medicinales.

Núria llenando la botella de agua en Borjomi

Y una vez probado el agua, hay que subir al teleférico, una cabina que parece salida de un juego para niños, que os llevará hasta arriba la montaña, donde se encuentra la gran noria, en un bonito recorrido que sobrevuela el parque y el bosque.

Teléferico en Borjomi

Vista desde el teléferico de Borjomi

Otra idea es caminar parque adentro, en un paseo fácil de una hora, hasta las piscinas termales que fueron, tiempo atrás, el refugio de la crème de la crème soviética.

Si se dispone de más tiempo, el Parque Nacional de Kharagauli dispone de rutas de trekking desde 3 horas hasta 3 días. A la entrada del parque os darán mapas y toda la información que se necesite, aunque la oficina solo abre de lunes a viernes.

Más información en la Guía de viaje de Georgia

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