Un dia en Boudhanath, el barrio tibetano de Kathmandú

Un día en Boudhanath, Kathmandú. Apenas comienza el día cuando suenan las trompetas que llaman a la oración. Alojados en la guesthouse del monasterio, sólo necesitamos bajar las escaleras para acceder al templo. Huele a mantequilla, mantequilla de velas. La luz es tenue y movediza. Envueltos con su ropa rojiza y sentados en la postura del loto, los monjes recitan mantras. Enfrente, pequeñas mesas con los libros del Dharma y una taza de té. Nos acurrucamos junto a una pared. Un novicio sirve té a todos los presentes. A esa hora se agradece, pues el frío dentro de la sala es intenso. A pequeños sorbos nos calentamos. Cerramos los ojos y dejamos que ese sonido gutural nos acompañe y penetre en nuestro espíritu.

Al terminar la oración salimos a la calle. Los aldeanos se acercan poco a poco a la estupa de Boudhanath. Los seguimos. Nuria busca un lugar para practicar meditación mientras yo, cámara en mano, busco mi lugar donde poder fotografiar. Como llevamos días aquí, ya sé donde me he de poner para no molestar a nadie. Hombres, mujeres y ancianos dan vueltas alrededor de la estupa. Algunos hacen reverencia a pequeñas imágenes del Buda. Otros giran los molinillos mientras recitan el mantra más universal: Om mani padme hum. Se respira una atmósfera vibrante y cargada de energía, una energía reparadora.

Estopa de Boudanath

Banderas de oración

Monjes después de la oración

Ora de Boudanath

Unos cuantos clics después, guardo la cámara y me incorporo a la fila. Está llena de gente. Doy una, dos y tres vueltas mientras recito el Om y giro los molinillos de oración. En la mano llevo mi mala budista. Siempre lo llevo cuando viajo. Bendecido por el Karmapa pienso que me dará suerte.

Al terminar mi viaje espiritual busco a Núria. La veo en un rincón, arriba, en la estupa. Juntos vamos a desayunar, como cada mañana, al Limis. Es un pequeño restaurante tibetano, familiar, donde no faltan los chapatis ni los tés con mantequilla.

El monasterio de Kopan y el Mahadev Temple de Gokarna

Hoy pasaremos la mañana en el monasterio de Kopan. Iremos paseando, pues no se encuentra muy lejos de aquí, en una colina rodeada de vegetación, desde donde se puede ver todo Kathmandú. Nuria asiste a clase de filosofía budista y yo paso el rato en la biblioteca, leyendo y tomando notas. Vale la pena acercarse hasta aquí tanto por el templo y los jardines como para disfrutar de la lectura en su acogedora biblioteca: hay libros de filosofía budista escritos en casi todos los idiomas. De hecho, muchos estudiantes, venidos de todas partes del mundo, pasan largas estancias para asistir a clases de budismo y realizar retiros espirituales. En España, Kopan es bastante conocido por ser el monasterio del lama Osel Rinpoché, nacido en Granada en 1985 y que fue reconocido como reencarnación del Lama Thubten Yeshe.

Después de comer, en el restaurante del mismo monasterio, un paseo a través de un espeso bosque de pinos nos lleva hasta el pueblo de Gokarna. Visitamos el Mahadev Temple, ubicado cerca del río. Se está a gusto. A media tarde, vemos un bus local que se acerca desde el pueblo, así que nos incorporamos a la carretera y preguntamos si se dirige a Kathmandú. Y así, tan fácil, regresamos a Boudhanath donde al caer la tarde la estupa vuelve a llenarse de vida.

Barrio tibetano de Kathmandú

Ofrenda en la estufa budista de Kathmandú

Monjes tibetanos en Boudanath

Noche de luna llena en Boudhanath

La estupa de Boudhanath, durante las noches de luna llena, se adorna con nuevas banderolas de oración y velas a su alrededor. El budismo Theravada celebra este acontecimiento porque cree que el Buda Histórico, Siddharta Gautama, nació, se iluminó y murió habiendo luna llena. Nosotros hemos tenido suerte, pues hoy es uno de esos días.

Estopa de Boudanath de noche

Velas de oración en Boudanath

Su visión es mágica y la atmósfera es tan acogedora, que hacer la kora alrededor de la estupa en una noche como ésta te aporta una sensación muy especial. También hay puestos con velas, de manera que, a cambio de unas pocas rupias, encendemos unas luces para pedir, como los antiguos viajeros que marchaban hacia Lhasa, un buen viaje.

Nuria encendiendo velas de oración

 

 

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