Couchsurfing en Irán, otra forma de conocer el país de los ayatolás

La primera vez que escuché la palabra Couchsurfing de boca de un viajero pensé: “vaya, esto es la leche!”. Ahora que lo conozco personalmente, creo que es mejor aún, es el tiovivo de los viajes, una ventana abierta al mundo y a las personas y que nunca sabes qué te llegará a abrir.

Couchsurfing es una comunidad que engloba personas de todo el mundo con un único fin: conocer gente. Con esta premisa los anfitriones ofrecen una cama o sofá (couch) o su tiempo, a disposición de sus invitados. Para los viajeros, es una gran oportunidad de conocer gente, costumbres de primera mano, lugares recónditos…

Como habrás podido deducir, en Couchsurfing no se paga por el alojamiento, pero no nos equivoquemos: Couchsurfing NO es un hotel. Quien recibe viajeros aporta lo mejor: techo, quizás comida, quizás el calor familiar, quizás una fiesta con amigos, quizás una mañana de picnic, ¡qué sé yo! Por su parte, el viajero aporta lo que lleva en la mochila: conversación, risas, respeto, amistad, una tortilla de patatas…

Nuestra primera experiencia en Couchsurfing en Irán fue espectacular: en la primera petición ya nos aceptaron. Con las instrucciones de Farid, profesor de Física en la Universidad de Teherán, llegamos a su casa. Cabe decir que necesitamos de la ayuda de más personas para llegar hasta allí, pero todo el mundo estaba dispuesto a socorrernos en medio de la caótica capital, así que realmente fue muy fácil. ¡Si hasta la última persona que nos ayudó, nos invitó a una merienda en su casa!

Recuerdo que subimos las escaleras de casa Farid con el gusanillo en la barriga: ¿cómo sería esta familia? ¿con qué nos encontraríamos? ¿nos sentiríamos a gusto? Cuando la puerta se abrió, su mujer, Shara, también profesora de Física en la universidad, nos recibió con un fuerte abrazo y el desayuno preparado. Aquella misma tarde nos propusieron una salida, así que aceptamos encantados: visitaríamos el Mausoleo de la zona de Tajrish, el bazar cubierto, cenaríamos en un restaurante popular y fumaríamos una shisha en una chaikhana tradicional, junto a decenas de teheranís en su noche de ocio, en un ambiente distendido y alegre, eso sí, dentro de los límites de la fiesta permitidos. Fue toda una experiencia que, de otra manera, nunca habríamos vivido.

narguile

Golestan Palace

En la preciosa ciudad de Kashan no tuvimos suerte con Couchsurfing, pero en Sari, muy cerca del Mar Caspio, en la provincia de Mazandaran, fuimos abrumados con el verdadero sentido de la palabra “hospitalidad”.

Así que, al finalizar las visitas de Kashan, tomamos un autobus hacia Sari, un recorrido que nos ocupó 12 horas. Lo cierto es que la petición la hicimos a una chica llamada Dantis, que resultó que actualmente vivía en otra población, pero que se ofreció a buscarnos alojamiento en Sari. Así fue como contactó con sus amigos Altin y Landani, quienes nos acogieron en su casa entusiasmados. Tanto o más aún que nosotros.

Altin y Landani son una pareja fantástica: él es abierto y extremadamente positivo. Landani es simpática y cariñosa. Nos llevaron a visitar la playa bañada por el Mar Caspio. Pasmoso: la playa de mujeres y la de los hombres está separada por toldos y redes. Incluso hay separadores mar adentro y encima, hay que bañarse completamente vestido.

Playa en Iran

Como a nadie nos gustó la idea del baño con tejanos, nos fuimos a la montaña, donde el Irán verde de campos de arroz desafía la incredulidad. Sí, existe. Nuestros anfitriones montaron un pícnic, que es la actividad al aire libre por excelencia en Irán, en la ribera de un río y a la sombra de un espeso bosque. Kebabs de pollo, pan redondo (naan), ensaladas y muchas risas.

Picnic en Iran

Campo de arroz

Por la noche no cabía el descanso… si quieres descansar, vete a un hotel. Teníamos cena con Dantis -la chica que nos puso en contacto con nuestros anfitriones- y su novio. Así que Lluís y yo nos dispusimos a preparar nuestras mejores recetas: un fresquito gazpacho, tortilla de patatas y una buena sanfaina. La mesa estuvo cargada de comida y de explicaciones en tono confidencial sobre el régimen y la sociedad iraní, propósitos y despropósitos para un futuro libre.

La experiencia en Couchsurfing en Irán es totalmente recomendable y es la mejor manera de conocer la riqueza cultural y las tradiciones del país. Además, en Irán, no deja de sorprender cómo es la gente de puertas adentro, pues cuando las chicas se quitan el pañuelo y la chaqueta larga y se quedan con falda corta, tirantes y escote… ¡uau! ¡hasta yo aluciné! Realmente es como si estuvieras entre amigos de casa.

Durante el resto del viaje, por la Ruta de la Seda, continuamos haciendo couchsurfing, pero fue en Irán, país donde la mayoría de su población destila una extrema amabilidad, donde más disfrutamos. Nos abrumaron con su hospitalidad y solo esperamos que algun día, inshalá, nosotros podamos corresponderles.

Couchsurfing en Irán, otra forma de conocer el país de los ayatolás
5 (100%) 4 votes

Entradas relacionadas

Deja un comentario

2 + seis =