Batumi: cruzando la frontera de Turquia a Georgia

El caos en la aduana turca es dantesco. Los cinco metros que nos separan del funcionario, que tiene que poner el sello de salida en el pasaporte, nos parecen una distancia insalvable. A nuestra derecha, dos mujeres georgianas -de tamaño considerable- intentan colarse a pesar del poco espacio existente. Cada centímetro ganado es una pequeña victoria que defendemos a codazos. Media hora, y muchos codazos después, ya estamos en la aduana de Georgia, donde sorprenemente el orden reina en la sala. Sello rápido en el pasaporte y a dentro. Ya estamos en Georgia y Batumi nos espera!

Llegar a la ciudad es fácil, la marshutka, una furgoneta de transporte de pasajeros y bultos, nos deja cerca del hostel por apenas 1 lari cada uno, medio euro en total. El dormitorio de nueve camas, donde hemos reservado dos literas, esta totalmente ocupado por una chica alemana que tiene toda la ropa esparcida por la habitación. Dejamos las cosas en un rincón libre y salimos a conocer la ciudad.

Batumi, capital de la República Autónoma de Adjaria, está invirtiendo fuerte en el turismo. Esto le valió ser reconocida por la American Academy of Hospitality Sciences como el mejor nuevo destino del año 2012. Es una ciudad pequeña de apenas 120.000 habitantes, que se puede recorrer fácilmente a pie o en bicicleta, que se puede alquilar en el bonito y larguísimo paseo marítimo. Es un espacio verde que corre paralelo a la costa del Mar Negro, donde están situados los hoteles de renombre internacional.

Figura de dos enamorados en el paseo marítimo de Batumi

relax en la playa de Batumi

Unas calles más arriba, es otra historia. Se construyen edificios acabados con detalles de estilo neoclásico, victoriano o modernista y rascacielos que proyectan imágenes en sus paredes. Aquí una noria gigante, allí una torre con un mirador de 360 grados. Todo ello convive con los restos de la antigua URSS: viejos edificios de planta rectangular con la pintura desconchada y los balcones oxidados, donde viven familias georgianas que no podrán aprovechar el impulso de la ciudad.

Catedral de la Madre de Dios de Batumi

sacerdotes ortodoxos en una iglésia de Batumi

mujer rezando en una iglésia ortodoxa de Batumi

Paseamos por medio de estas calles descubriendo pequeñas iglesias ortodoxas, con una gran sala diáfana, sin bancos ni mobiliario para sentarse, decoradas con cuadros del santoral que se han oscurecido por el humo de las velas. Celebran misas a las horas en punto, que nos sorprenden por su liturgia: un cura o dos, vestidos de negro de arriba abajo y con un sombrero redondo, ofician la ceremonia en un rincón de la iglesia, ante la presencia de algunos hombres y mujeres – ellas se tapan el cabello con un pañuelo – y de dos extranjeros que, todo sea dicho, no entienden de la misa la mitad.

Más información en la Guía de viaje de Georgia

Batumi: cruzando la frontera de Turquia a Georgia
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