Darjeeling, punto de partida de la Ruta de los Monasterios por Sikkim

Nos levantamos un poco desorientados por el cambio horario, aún no hace ni 8 horas que llegamos a India y tenemos que coger de nuevo un avión para llegar a nuestro destino final Darjeeling, una ciudad situada en el estado indio de Bengala Occidental, utilizada por los británicos como lugar vacacional debido a su clima fresco.

Facturamos las mochilas y pasamos a la sala de embarque donde esperamos desayunar, ya que desde ayer en el vuelo intercontinental que no hemos comido nada. La sala es, por decirlo de alguna manera, muy “espartana” lo único que desayunamos es un té con leche que, sorprendentemente, está muy bueno.

Al cabo de una hora embarcamos y después de una pequeña escala aterrizamos en Siliguri, desde donde debemos dirigirnos a nuestro destino final. Cogemos un taxi y le decimos que nos deje en la estación de autobuses. Para sorpresa nuestra, nos deja en una calle donde hay unos todo-terrenos esperando pasajeros para ir a Darjeeling. Discutimos el precio y subimos al vehículo.

Jeeps hacia Darjeeling

Que no nos vamos? – Pregunto
No hasta que esté lleno– Me responde el conductor.

Y así es, esperamos un rato y el vehículo se llena de gente, somos tantos que incluso el conductor va sentado sobre las piernas de un pasajero. Y como no le basta, por el camino se detiene a recoger dos personas más que acaban viajando en el techo y dos más en la parte posterior, ¡agarrados a la rueda de repuesto!

Y así, curva va curva viene, llegamos finalmente a Darjeeling donde comienza por fin nuestro viaje. Estamos entusiasmados… y helados, ¡porque hace un frío que pela! Así que sin entretenernos, nos disponemos a buscar hotel.

Mapa de Darjeeling

Estación de autobuses

Cargados de nuevo con las mochilas, parecemos camellos bactrianos subiendo las empinadas calles de Darjeeling. La ciudad se encuentra en una cima, a una altura de 2.134 metros sobre el nivel del mar.

La búsqueda de la habitación se hace pesada debido a la orografía del terreno… necesitaríamos un sherpa para poder recorrer la ciudad con las mochilas sin ahogarnos. El hotel que habíamos elegido está lleno, así que vuelve a subir calles… ¡y hace un frío!

El segundo que miramos ni las arañas querrían quedarse. El tercero tanto nos da si las arañas se quedan o no. Con un mobiliario espartano, con las paredes ricamente decoradas con papeles de periódico y las camas con el colchón más delgado que hayamos visto nunca… a esas horas nos parece el Hilton, así que nos quedamos.

Salimos a cenar pero todos los restaurantes están cerrados, menos uno que hemos metido el pie en el momento que iban a cerrar la puerta. Cenamos lo que nos quieren dar… y gracias porque si no tocaba pasar hambre otra vez.

Volvemos al hotel. La habitación está helada, nos arrepentimos de haber dejado los sacos de dormir en casa. Hace mucho frío y las maderas del somier de la cama se clavan en el cuerpo. Así, durante la noche sólo se escuchan ays y uys, no sólo nuestros porque todo el hotel es un gran gemido. Pero aún y así no cambiamos, el personal es amable y nos da pereza irnos.

Por la mañana lo vemos de otro color: hace un día espléndido y el paisaje es magnífico. El desayuno es muy bueno y desde la azotea hay unas espectaculares vistas del Kanchenjunga. Es realmente impresionante estar ante una mole nevada de más de ocho mil metros.

El Himalaya visto desde el hotel de Darjeeling

Darjeeling es una combinación de las palabras tibetanas dorje y ling, que significa la tierra de los relámpagos. Los ingleses se establecieron para huir durante el verano del calor de Calcuta y plantaron grandes extensiones de té. El clima es fresco y húmedo y hacen de este uno de los mejores té negros del mundo.

Hoy es Diwali, una fiesta religiosa hindú conocida también como festival de las luces. Las oficinas gubernamentales están cerradas y tenemos que cambiar de planes, hoy no podremos gestionar los permisos para ir al Sikkim.

Mujer india montando a caballo en Darjeeling

Cerca de Chowrastra, la plaza central, hay un templo al que acude mucha gente, tanto tibetanos como hindúes. Le compramos una caja de incienso a una anciana tibetana, que quemamos en el templo como lo hace el resto de gente.

Dentro, un monje budista recita mantras, que acompaña con el tintineo de una campana. Unas mujeres queman hojas en una chimenea con forma de estupa. Un hombre con un sombrero típico de la zona, bendice a los creyentes hindúes. Ambas religiones comparten espacio consiguiendo una atmósfera mágica.

Entrada al templo budista e hindú en Darjeeling

Templo budista e hindú en Darjeeling

Visitamos también el campo de refugiados tibetanos. Es un centro de auto-ayuda, todo lo que confeccionan se vende en la tienda y los beneficios revierten en la comunidad. Pero antes de entrar hay que girar los molinillos de oración, unos cilindros metálicos donde está grabado el mantra universal Om Mani Padme Hum.

Molinillos de oración en la entrada del campo de refugiados tibetanos de Darjeeling.

Centro para refugiados tibetanos de Darjeeling

Desde aquí, llegamos en una agradable caminata al Buthia Busty Gompa, rodeado de banderolas. Es pequeño pero bien arreglado, tranquilo… nos gusta mucho.

En las escaleras, una madre y su hija recitan unas oraciones y hacen girar los molinillos de oración para que los mantras se esparzan con el viento. Un monje se acerca y abre la puerta del Gompa para que lo podamos visitar. Preside la sala una foto del Dalai Lama y del Karmapa.

Monasterio en Darjeeling

Pasamos la tarde paseando por el centro. Aprovechamos y contratamos una excursión para mañana, para ver la salida del sol trás el Himalaya, en un punto llamado Tiger Hill. La excursión, además, incluye otras visitas por los alrededores de la ciudad. Cenamos en el hotel y nos vamos a dormir, estamos reventados pero satisfechos de cómo ha ido el día.

– 03.30 – pippppp … …. suena el maldito despertador. Medio dormidos salimos a la calle, no estamos solos, un montón de turistas indios han tenido la misma idea que nosotros. Ha sido buena idea contratarlo, un taxi nos quería cobrar 500Rs y con el jeep público sólo pagamos 140 y es más divertido.

Tiger Hill parece un estadio de futbol en día de partido, ¡está lleno! Aunque es de noche, y todo el mundo se va situando para tener un buen punto de observación. Hace mucho frío y hay que abrigarse. De repente, la gente empieza a gritar de alegría, ¿que pasa?. Acaba de salir el primer rayo de sol, todo el mundo empieza a aplaudir ya hacer fotos. Una salida de sol que mejora cuando el Kanchenjunga y el Nuthse se iluminan. Es impresionante, parece que pudiéramos tocar las montañas con las manos. Un hombre nos dice que aquel pequeño pico, que se erige solo la izquierda, es el Everest ¡ostia!

Amanacer en Tiger Hill cerca de Darjeeling

Salida del sol en Darjeeling

Nuria en Tiger Hill

De vuelta paramos a ver el Batasia loop, que no es otra cosa que una curva donde pasa el Toy Train, el tren de vía estrecha, a vapor, que viene de Siliguri. Mientras no llega, se monta un interesante mercado sobre las vías.

Visitamos también el monasterio de Ghom, con 350 monjes. Uno de ellos nos pregunta si tenemos frío y se ríe, va vestido con una túnica fina y nosotros estamos congelados. “Estoy acostumbrado”, nos dice sonriendo. Nos enseña la “computer office” donde escriben libros y publicaciones y también una sala donde hay tres grandes molinillos de oración, que hacen girar unos monjes.

Fachada monasterio de Ghom cerca de Darjeeling

Monjes girando molinillos de oración en el monasterio de Ghom

De vuelta a Darjeeling tramitamos el permiso para Sikkim, que nos lleva más quebraderos de cabeza de los previstos. Nos informamos de cómo ir a Pelling, cambiamos dinero y volvemos al hotel. Mañana iremos a Sikkim para empezar la Ruta de los Monasterios.

Este artículo forma parte de la Ruta de los Monasterios que hicimos por Sikkim y la información práctica la encontraréis en la Guía de viaje de Sikkim

 

Darjeeling, punto de partida de la Ruta de los Monasterios por Sikkim
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