Dogubeyazit, la puerta de entrada a Irán si viajas por tierra desde Turquía

Llegamos de noche a Dogubeyazit, desde Erzurum, después de haber pasado varios controles militares. Es lo que sucede por penetrar en zona kurda. Escogemos el hotel Tahran, con buena relación calidad precio, personal amable y nombre apropiado para quienes se dirigen a Irán.

Nos levantamos temprano y, con la ilusión renovada, subimos a la terraza del hotel para desayunar. Mientras resoplo por las empinadas escaleras en las que los hoteles turcos ya nos tienen acostumbrados, hago memoria de aquel dicho budista que nos recuerda que, si somos positivos y afrontamos el día con optimismo, las cosas saldrán bien.

Entramos en la sala, saludamos en turco a unas mujeres iraníes y tomamos asiento. Aún no quiero mirar por la ventana. Se que el Monte Ararat está allí, el volcán de 5.137 metros de altura que suele esconderse detrás de las nubes para decepción de muchos viajeros. Saboreo un trago de té, sonrío al camarero, respiro hondo y giro poco a poco la cabeza: ¡si, está aquí! Precioso y altivo, con su cono encalado de nieve perpetua, magnífico y solitario en la inmensidad del paisaje del Kurdistán turco. ¡Qué maravilla!

Palacio Ishak Pasha Dogubeyazit

Ahora toca hacer la visita al Palacio Ishak Pasha, el segundo de los highlights de esta ruta. Hace años que nos lo imaginamos dominante en una colina sobre la llanura y con el Monte Ararat al fondo en pleno trayecto de la antigua Ruta de la Seda.

Cogemos un dolmus y compartimos el viaje con familias kurdas que van a pasar el domingo en una zona cercana al palacio. Todos nos miran y sonríen. ¿Volvemos a ser los únicos turistas?

El Ishak Pasha es espectacular. Pero un techo de vidrio, para preservar la construcción, rompe esa imagen idílica que teníamos en nuestro imaginario. Tiene una gran puerta central para recibir a los viajeros y mercaderes. Éstos sólo podían acceder al primer patio.

Nosotros, como si fuésemos nobles invitados, accedemos al segundo patio y a las estancias privadas: el harén, el hammam, la biblioteca y la mezquita.

Interior palacio Ishak Pasha Dogubeyazit

Cúpula palacio Ishak Pasha Dogubeyazit

La guía LP dice que Dogubeyazit es una ciudad polvorienta y llena de gente que acosa al turista. Nada más lejos de la realidad: es una ciudad agradable, con la calle principal adoquinada y bancos para sentarse y tomar el sol. La gente es muy simpática y nos recibe cordialmente. La comida es, como en toda Turquía, excelente y el hotel donde estamos alojados, muy acogedor.

 

Calle en Dogubeyazit

Por la noche disfrutamos de la música en directo del grupo Dersim, música tradicional kurda que desprende mucha tristeza y que nos llega al alma.

Sin duda, un buena despedida del primer tramo del viaje, Dogubeyazit es una ciudad que nos ha encantado y que, sin duda, visitaremos en otra ocasión.

Mañana emprendemos camino hacia la antigua Persia.

Inshallah

 

Dogubeyazit, la puerta de entrada a Irán si viajas por tierra desde Turquía
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