Isfahán, la mitad del mundo

Sentados en el asiento trasero del taxi comprobamos que Isfahán no es como el resto de las ciudades que hemos visitado: allí donde miramos se ven amplios jardines, árboles, flores… se intuye una ciudad que va a otro ritmo, más pausado, más relajado. Y nos gusta.

Dejamos las mochilas en el hotel y salimos a la calle para poder pisar lo antes posible la plaza del Imán, la Meydan-e Naghsh-e-Jahan. Y allí, en medio de la plaza, con el sol escondiéndose por detrás de las cúpulas azules, miramos más allá como quien mira el horizonte que nunca se acaba. Sí, Isfahán es la mitad del mundo.

Fue el Sha Abbas I (1587-1629) quien la embelleció y le dio personalidad. Los viajeros de la época la nombran en sus crónicas como la ciudad más próspera y moderna del mundo, con una población cercana al millón de habitantes.

Nosotros hacemos una cuenta rápida: es como 4 veces un estadio de fútbol… y todavía nos quedamos cortos, mide 510 metros de largo por 165 de ancho! Satisfechos de esta pequeña cata, volvemos al centro y comienza la pesada tarea de cada día: encontrar un restaurante que sirvan algo más que kebabs. ¡Irán es, de largo, el país donde peor hemos comido!

Carruaje ante la mezquita del Emir

Isfahan

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Por la mañana, regresamos a la plaza del Imán y visitamos la Masjed-e Emam o Mezquita del Emir. Impulsada su construcción por el Sha Abbas I, conserva el concepto tradicional iraní de un patio central con cuatro iwans.  Como la plaza está orientada en sentido noreste-sureste, el iwan norte está girado 45 grados para poder así orientar el mihrab hacia La Meca. El patio se encuentra lleno de jóvenes estudiantes, ataviadas con el típico chador negro, que no dudan en rodear a Nuria para charlar y hacerse fotos. Accedemos al mihrab, en el iwan sur, situado bajo una impresionante cúpula con sus maravillosos azulejos de color azul. La acústica de esta sala es increíble, cualquier conversación en el centro de la sala, por bajo que se hable, es perfectamente audible por quienes se hallen en los extremos de la misma.

Isfahan

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La siguiente visita en Isfahan es el Palacio Ali Qapu que se encuentra en la misma plaza, en el lado opuesto de la mezquita Lotfollah. Con seis pisos y una altura de 48 metros, no impresiona tanto como la mezquita, quizás por el hecho de estar en pleno proceso de restauración. Accedemos a la terraza y contemplamos el conjunto monumental que nos rodea. En la planta baja hay un pequeño arco: si os situáis cada uno en un angulo y susurráis hacia la pared, ¡podréis oír claramente el sonido en el angulo contrario!

Isfahan

Cruzamos la plaza y entramos en la mezquita Masjed-e Sheikh Lotfollah, mucho más modesta que su vecina Masjed-e Emam. La decoración interior impresiona por la belleza de sus azulejos.

Isfahan

Cansados ya de tanta mezquita, nos  dirigimos hacia el gran bazar -situado al norte de la plaza- para captar la vida de la ciudad. Disfrutamos con el bullir de la gente, con los olores de las especias, con el ir y venir de la gente. Deambulamos entre caravasares, madrazas, pequeñas mezquitas. En el gremio de los joyeros están celebrando una fiesta y nos invitan a te y unos dulces buenísimos.

Isfahan

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La amabilidad de estas personas no deja de sorprendernos, ojalá que algún día se saquen de encima esta lacra mal llamada República Islámica, que solo esconde oscuros intereses de una minoría.

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