Por los caminos del mundo – Barrios olvidados de Istambul: Zeyrek.

Zeyrek

Mis pasos y yo nos alejamos del concurrido patio de la mezquita Suleymaniye, rodeando los muros exteriores del jardín, el comedor comunitario y hasta la tumba del gran Sinán, aturdidos por el alboroto de los grupos de turistas. Torcí a la izquierda en dirección noroeste. Tres mujeres rezaban de cara al muro de la mezquita, con la cabeza gacha y las manos levantadas hacia el cielo como sosteniendo un libro.

Habiendo dejado atrás el complejo, la calle se estrechó bruscamente y cayó en pendiente. Seguí caminando, girando, subiendo y bajando mientras me adentraba en una telaraña de intrincados callejones que iban cobrando vida a cada paso.

Mucho más arriba, dos ancianos charlaban sentados en unos escalones hechos pedazos. A su lado languidecían al sol viejas paredes de madera resquebrajada y balcones desnivelados que querían caerse. Lo había encontrado: era el barrio Zeyrek, el que fue el centro del comercio en la época dorada del imperio otomano. Y aunque sus casas medio derruídas, sus fachadas quebradas o sus bigas herrumbrosas eran sólo un esbozo del antiguo esplendor, de vez en cuando sobresalía una casa restaurada, con las maderas pintadas en rojo o verde, los arcos decorando ventanas y balcones de forja que emergían sobre la calle como carruajes reales.

Zeyrek renacía cada día. Por todas partes corrían niños, mujeres lavando ropa en la fuente, otras que caminaban con el cubo lleno a un lado, balanceando a izquierda y derecha sus amplias faldas. Algunas macetas con flores lucían dentro del enrejado oxidado de los ventanales. Había cuerdas atadas de uno a otro, de donde colgaban sábanas que escondían las maltrechas paredes. Y por todas partes se respiraba la vida, la algarabía desenfadada de las calles al despertar, el griterío alegre de los niños, el ajetreo diario de los que se resisten a ser olvidados, en un barrio olvidado.

“Hace cuarenta años, las suaves colinas que descendían de la Mezquita de Solimán hacia el Cuerno de Oro se llenaban de tradicionales casas otomonas de madera que se desparramaban en cascada hacia el Mar de Mármara. Hoy en día casi todas han sido sustituídas por bloques de hormigón. El área ha estado reconocida como Patrimonio Mundial de Istanbul y, con la ayuda de la Unesco, se está comenzando la restauración.”

Más en la serie de artículos Por los Caminos del Mundo.

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