Ruta de los monasterios de Sikkim: el gompa de Tashiding

Aún está amaneciendo, pero en la calle ya están las primeras paradas de verduras dispuestas sobre una manta extendida en el suelo. A unos metros, la parada de jeeps compartidos ya funciona a pleno rendimiento. Anorak y gorra en la cabeza, los conductores fuman o beben té mientras esperan que se llene. En la pequeña taquilla compramos el billete hacia Tashiding y esperamos la salida, mientras bebemos un té con leche bajo la atenta mirada de tres indios que se protegen del frío con una manta.

Salimos bastante puntuales, claro que el margen que tienen es de una hora: entre las 6 y las 7 de la mañana. Si nos guiamos por los primeros 500 metros de recorrido, el viaje hasta Tashiding será largo, pues cada 25 metros el conductor detiene el vehículo y da un grito ante alguna casa de donde sale gente con algún saco o bolsa colgando. Así, el interior del jeep se va rellenando y reordenando como si fuera un puzzle, donde los pasajeros somos las fichas que se van moviendo de un asiento a otro. De esta forma, un vehículo con capacidad para 9 personas termina cargando 20, incluso en el techo, junto con todos los bultos.

La carretera, si se puede llamar así, es la peor por la que hemos transitado en esta zona: no hay asfalto y el camino es pedregoso y lleno de baches. El vehículo no puede ir a más de 10 Km/h, lo que nos da la oportunidad de disfrutar del paisaje, abrupto y boscoso.

Tashiding es una aldea formada por cuatro casas dispuestas a ambos lados de una única calle. La parada de jeeps se convierte en el alma del pueblo: el lugar donde se reúne la gente para charlar y recibir aquellos pedidos hechos al conductor o para enviar un paquete con destino a Yuksom o Gangtok.

Escritura budista en Tashiding

El camino hacia el gompa nos lleva hasta los pies de una montaña y allí debajo, esperando lo peor, miramos hacia el cielo: ¡et voilà! como siempre, tendremos que volver a sufrir una fuerte ascensión! El camino, en medio del bosque, se encuentra en pleno movimiento. Unos leñadores limpian el sotobosque, unas familias caminan hacia el Gompa, pasamos por delante de unas casas y de una librería y un monje nos indica el camino a seguir.

Monje en Tashiding

Roca con inscripciones budistas en Tashiding

Finalmente cruzamos la puerta de acceso al monasterio. El entorno es inmejorable, con los Himalayas al fondo, coronados por sábanas de nieve. El complejo es una preciosidad.

Varios templos pequeños y muy bien decorados se encuentran dispersos por todo el recinto. El templo principal se encuentra rodeado por decenas de chortens de un blanco intenso que nos deslumbra. Un viejito, flaco y ciego de un ojo, nos abre la puerta del monasterio. El interior es muy bonito, con imágenes de Buda y Bodhisattvas pintados en las paredes.

Chörtens en Tashiding

Monasterio de Tashiding

Nos sentamos un rato fuera contemplando el magnífico paisaje. Núria aprovecha para dibujar, bajo la atenta mirada de un muchacho que se sienta a su lado haciendo de espectador. Yo prefiero dar un paseo y hacer unas fotos. La tranquilidad es absoluta. Este es uno de los lugares más tranquilos y bonitos que hemos visitado.

Ruedas de oración en Tashiding

Estupas en el monasterio de Tashiding

Terminada la visita rehacemos el camino hacia el pueblo, donde no hay nada que hacer. Todavía quedan dos horas para coger el jeep de regreso a Yuksom, así que aprovechamos para comer… aunque sólo sean las 11:30 de la mañana. En un pequeño restaurante de sólo dos mesas, comemos unos huevos fritos, unas patatas fritas y unas samosas. Al finalizar, la propietaria, una señora hindú, nos invita a unas galletas. ¡Son tan duras, que ni siquiera con un martillo conseguiríamos romperlas!

Esperamos el jeep haciendo la siesta apoyados en una fuente. El camino de vuelta es como el de ida, tortuoso y distraído por las múltiples paradas que hacemos.

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Información práctica en la Guía de viaje

Ruta de los monasterios de Sikkim: el gompa de Tashiding
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