Trekking por las aldeas de Sapa, Vietnam

En la estación de tren de Lao Cai se repite el caos de todas las llegadas; una nube de vietnamitas nos rodean, ofreciéndonos minibuses y taxis hacia Sapa. No nos dejan ni respirar, la presión de los vietnamitas hacia el turista es asfixiante.

En Sa Pa  contratamos un trekking de 3 días para conocer la zona. La chica que nos hará de guía es muy simpática, tiene sólo 18 años y pertenece a la etnia H’Mong. Viste con la ropa tradicional y va cargada de collares con símbolos que, según dice, la protegen de cualquier mal.

So, guia de la etnia Hmong

El trekking comienza por la carretera, que seguimos durante más de una hora. Más adelante nos desviamos por un camino que baja hacia el valle, entre bancales de arroz recién segado, hasta un riachuelo. A su lado, una pequeña aldea y una cubierta de cañizo nos da cobijo para comer. Un bocadillo de tomate, pepino y huevo, que nuestra guía So se ha encargado de comprar en el mercado de Sa Pa, nos sirve de comida.

Pequeña aldea Hmong

Paisaje de arrozales en el norte de Vietnam

Búfalo de agua albino con dos niños a su grupa

A media tarde llegamos a la aldea de Ta Van, donde hacemos noche en una homestay, que no es otra cosa que una casa tradicional acondicionada para recibir turistas. Disfrutamos de las vistas aunque no de los baños.

Homestay en Sapa

Baño de la homestay

En la cena no falta de nada: ensalada, tofu con cebolla y tomate, cerdo salteado al wok con ajo y jengibre, buey salteado con verduras y pollo con cebolla y especias que So y otra guía se encargan de cocinar. Durante años recordaremos estos platos como los mejores que hayamos comido en nuestros viajes.

Preparando la cena en la homestay

Dormimos sobre una pequeña esterilla, junto a los sacos de arroz, protegidos por una mosquitera. El silencio es absoluto.

Nos despertamos con el canto del gallo y nos preparamos para empezar el segundo día de trekking. Decidimos dejar de lado la ruta habitual y hacer una caminata más larga, a través del bosque.

Paisaje montañoso en el norte de VietnamEl camino va subiendo poco a poco, cruzando campos de arroz y empinadas veredas que nos adentran en densos bosques. Subimos y subimos mientras la So nos muestra varias plantas y nos habla de sus cualidades. Hasta que nos dice que toca bajar… pero en línea recta, sin hacer zig-zag. ¡Tentados estamos de utilizar la mochila como trineo!

La bajada se hace muy pesada ya que continuamente resbalamos. Estamos bajando por el mismo lugar por donde lo hace el agua cuando llueve: un terreno de arena fina que patina mucho. La bajada dura una hora y después toca una subida muy pronunciada para llegar a la carretera. Un rato en llano y toca bajar de nuevo, los dedos de los pies nos duelen mucho, pero la visión del pueblo, nuestro destino final, nos anima a continuar.

Mujeres sentadas en cuclillas al estilo asiático

Búfalos de agua revolcandose en el lodoEl alojamiento es también en homestay muy parecido al de la noche anterior. Dejamos las mochilas en una pequeña habitación de caña y preguntamos a So, donde nos podemos lavar. Nos acompaña cruzando el pueblo hasta el río y de allí a un pequeño estanque natural con un salto de agua. Esta es nuestra ducha. ¡Magnífico premio! Ya recuperados, volvemos al poblado y a la homestay, donde nos bebemos una cerveza bien fresca y disfrutamos de otro deliciosa cena, a la luz de unas velas.

Al día siguiente volveremos a la carretera donde un jeep nos llevará hasta Sapa. Cansados ​​pero satisfechos, recordaremos estos dos días como de los más bonitos de nuestros viajes.

Trekking por las aldeas de Sapa, Vietnam
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