Viaje a Bali: relax, tortugas y vida nocturna en las islas Gili

Me había puesto en la cabeza pasar una semana en una isla, de esas pequeñas de arena blanca y aguas turquesa, transparentes y coralinas y poder hacer buceo o esnórquel para ver peces tropicales de colores. Parece un sueño, una fantasía, pero en este largo viaje lo teníamos al alcance de la mano y no quería dejar pasar la oportunidad. Como estábamos en Bali, busqué una opción no muy alejada y no tardé en dar con mi islita. Y no una, sino tres: las Gili, unas diminutas islas al este de Bali, en Lombok, de arena blanca, aguas transparentes, corales, peces, tortugas… ¿tortugas? ¿he dicho tortugas? Empecé a gritar y a dar saltos, ya me imaginaba nadando en esas aguas color turquesa junto a una preciosa tortuga marina… Sí, sí, lo había decidido, y con tanto ajetreo como había montado, no me fue difícil convencer a Lluís así que… ¡nos vamos a las Gili!

Empezamos a preparar la salida hacia estas islas que justo acababa de conocer. Fue entonces cuando comprobé que la escena mochilera ya las había marcado en su circuito desde hacía más de 15 años y, por eso, cada día salían desde el puerto de Padang Bai, al este de Bali, ferris públicos, ferris rápidos, ferris super rápidos, chárteres privados y hasta algún helicóptero hacia las Gili. “Bah, unos cuantos turistas no me harán renunciar a mi sueño de isla paradisíaca y tortugas”-pensé.

Mapa islas Gili

GILI TRAWAGAN, GILI MENO, GILI AIR. ¿CUÁL ELEGIR?

Gili Trawagan es la más grande y la más visitada de todas. Tiene una oferta amplísima de hoteles, guesthouses, homestays, restaurantes, bares, escuelas de buceo… y, por tanto, los precios son más económicos.

La antítesis a Gili Trawagan es Gili Meno: muy pequeña, muy tranquila, muy relajada y con una oferta turística reducida. Sería la isla perfecta para parejas y para familias que buscan tranquilidad y descanso.

Si se busca algo entre medio, ni muy abarrotado ni demasiado solitario, Gili Air es la opción. La isla más cercana a Lombok tiene una completa oferta turística sin que llegue a ser agobiante, hay un buen ambiente mochilero y puede recorrerse a pie en un par o tres de horas.

¿Y dónde están las tortugas? Parece que en las tres islas hay posibilidad de ver tortugas, depende un poco de la suerte, así que decidimos ir a por todas y visitar dos islas: Gili Trawagan y Gili Air.

GILI TRAWAGAN

Cuando llegamos al puerto de Padang Bai nos sorprendimos al ver que todos los turistas que estaban en Bali habían decidido coger el ferri hacia las Gili, hoy. Mochileros de todas las edades y nacionalidades ataviados con voluminosas mochilas, rubios, morenos, pelirrojos, con rastas, tatuados, sin tatuar… también familias indonesias que iban a pasar el final del Ramadán en las islas…, una variopinta mezcla que fue repartiéndose entre los diferentes ferris y más tarde, entre las tres islas.

Gili Trawagan lucía una línea de arena blanca a los dos lados del atracadero que ellos llaman puerto. Bajo la pasarela de madera por la que caminábamos para llegar a tierra, el agua brillaba transparente dejando entrever un fondo blanquecino y algún pececillo que se escabullía al detectar nuestras sombras. Con la mochila a la espalda y bajo un sol imponente, levanté mi mano para protegerme los ojos y vislumbré la isla, frondosa y verde, envuelta de unas aguas de azul turquesa, ese color que tanto ansiaba ver.

Playa en islas Gili
RELAX EN GILI

Lo primero que hicimos fue localizar nuestra guesthouse, que quisimos contratar por Booking por ser temporada alta, pero no hubiésemos tenido problemas, pues había hotelitos con bonitas cabañas y montones de guesthouses con muy buena pinta -otras muy destartaladas- y la variedad estaba al alcance de todos los bolsillos.

Salimos a explorar en dirección a la playa por unas calles anchas de arena. En la calle que daba a la playa y al embarcadero se sucedían los restaurantes, bares, agencias de tours, escuelas de buceo… Leímos en los carteles las actividades acuáticas que podían realizarse: bautizos de buceo, cursos para la obtención del PADI o del Open Water, salidas en barco hacia el arrecife coralino, inmersiones en el “Jardín de coral”, buceo y esnórquel para ver tortugas o tiburones de boca blanca… vaya, para no aburrirse. Cuando llegaba la tarde, la muchedumbre, espesa, se agolpaba en la calle que daba a la playa para ver la puesta de sol, comer e ir de bares.

No tardamos en familiarizarnos con la rutina de playa y fiesta: por las mañanas alquilábamos unas gafas de esnórquel y nos lanzábamos al agua. Había cientos de peces de colores, sólo teníamos que sumergir la cabeza bajo el agua y allí estaban, nadando entre nuestras piernas, era sensacional. El coral, que estaba muerto en la misma línea de playa y producía dolor al pisarlo sin chanclas, comenzaba a recuperarse más adentro y se vestía de formas y colores espectaculares. En nuestro primer día, no vimos ni rastro de ninguna tortuga y es que… con lo inmenso que es el mar ¿cómo vamos a dar con una?

El segundo día afinamos más el punto de inmersión y nos dirigimos al “Turtle Point” del norte de la isla, justo cuando finaliza el camino de arena y el sendero sube por la roca. Había también montones de peces de colores, peces-león, serpientes de mar, estrellas y algún que otro valiente pez payaso o Nemo. De repente, vimos un caparazón enorme que nadaba en profundidad. Sí, sí, era una tortuga, con su cabecita grácil, sus ojitos saltones, un caparazón con musgo enganchado. Se me aceleró el corazón y quise gritar, pero me di cuenta que con el tubo era imposible. Me reí de mi reacción infantil e intenté avisar a Lluís, pero no me fue posible. Seguí mirándola anonadada y sin perder detalle y ella, tan dócil, siguió nadando lentamente con un porte elegante mientras yo intentaba seguirla. Me lo permitió durante un par de minutos, hasta que subió a la superficie a respirar y se alejó a un ritmo que ya no pude seguir. ¡Qué maravilla!

Al caer la tarde paseamos a lo largo de la playa para disfrutar del aire fresco y de unos colores espectaculares de puesta de sol. Las terrazas se ambientaban con música chillout, tumbonas frente al mar y cócteles. Por las noches, los locales de fiesta se preparaban para los espectáculos de música en directo y sesiones house, reagge, pop… Vaya, que alargamos la estancia en Trawagan hasta 4 noches.

Puesto de comida callejera
FOOD MARKET
Terraza bar en Gili
TERRAZA BAR CERCA DEL EMBARCADERO
Restaurante en Gili
UNO DE LOS MUCHOS BARES Y RESTAURANTES DE LA ISLA

GILI AIR

Como habíamos decidido echar un ojo también a Gili Air, compramos en una de las agencias que hay cerca del puerto un billete para el quinto día. A la hora convenida, el embarcadero estaba atestado de gente cargada con sus mochilas o maletas y los puestecillos de desayunos y bebidas trabajaban a pleno rendimiento. En poco tiempo ya estábamos en Gili Air y en seguida notamos el cambio: mucho menos concurrida que Trawagan, los establecimientos estaban más dispersos entre ellos y el ambiente era más relajado.

Recorrimos la isla a pie el primer día, tan solo nos costó un par de horas. Salimos de enfrente del embarcadero, con el mar a nuestra derecha… y cuando nos dimos cuenta llegamos de nuevo al embarcadero, sin haber dejado nunca de tener el mar a la derecha ¡Increíble! Claro, es porqué estábamos en una isla.

Embarcadero de Gili Air
EMBARCADERO DE GILI AIR

Habituados a nadar y ver peces todos los días, seguimos nuestra rutina hacia el norte de la isla, donde se habían avistado también tortugas. ¡Y tuvimos suerte otra vez! Fue maravilloso, vimos una pequeña tortuga y muchísimos peces, las aguas estaban tranquilas y transparentes y fue un placer pasar también unos días aqui y disfrutar de los maravillosos atardeceres que la isla nos brindaba.

Atardecer en Gili Air
ATARDECER EN GILI AIR

GILI MENO

La más tranquila de las tres, con una vida nocturna más discreta. Ideal para quien quiera estar alejado de las multitudes en un ambiente más relajado. No la visitamos, preferimos quedarnos en las otras dos y disfrutar también de la vida nocturna. 🙂

√ Como ir de Bali a las islas Gili

En Ubud contratamos el pack bus+barca hasta Gili Trawagan, ida y vuelta por 400.000 IDR cada uno. El precio incluía el transporte desde el hotel al barco en Padang Bai, transporte a las Gili y regreso también hasta nuestro hotel de Ubud. Lo contratamos en una de las agencias situadas en la calle Jalan Bisma, comparando el precio con otras agencias y regateando.

Otras opciones son ir por tu cuenta hasta Padang Bai, Sanur o Amed y contratarlo allí o coger el ferry público, aunque puede que te acabe costando lo mismo si necesitas que te lleven hasta allí en transporte privado, debido a la dificultad de viajar en transporte público por Bali.

Más información para viajar a Bali e itinerarios para recorrer la isla en moto, en la guía de viaje.

 

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