Yazd, la ciudad caravanera del desierto.

Llegar a Yazd, la ciudad del desierto, fue bastante fácil ya que desde Teherán hay un tren nocturno que llega de madrugada. Sin alojamiento reservado, tuvimos suerte de encontrar habitación en el Marco Polo, una guesthouse preciosa situada en un caravanserai.

Gestionado por un iraní y un holandés, es un trozo de paraíso en la tierra. Con una fuente en medio del patio y sobre todo, un cuidado menú donde puedes disfrutar tanto de la comida occidental, como iraní o de Yadz. Así, uno de los platos que más me deleitan es el estofado… ¡de camello!

Yazd es una ciudad-oasis situada donde se unen los desiertos de Dasht-e Kavir y Dasht-e Lu y era punto de parada obligatoria de las caravanas que recorrían la Ruta de la Seda. Aquí los comerciantes podían descansar antes de aventurarse a los peligros del sol, la sed y los salteadores de caravanas, en su ruta hacia Oriente o Occidente. Uno de los viajeros que pasó por aquí fue Marco Polo, en 1272, que nombró la ciudad en sus crónicas como un centro de tráfico comercial y cita una tela de seda y oro que se exportaba a todo el mundo.

Imagen de Yazd

La ciudad antigua está construida con barro y paja, toda ella tiene el color de las arenas del desierto. Estrechos callejones para protegerse del sol, torres que se elevan al cielo para atrapar el aire fresco y enfriar las casas y las enormes cisternas de agua, cúpulas donde se almacenaba el hielo, pequeños caravasares y muchas casas de ricos comerciantes con maravillosos patios interiores ahora reconvertidos en hoteles. Muy cerca de nuestro alojamiento se encuentra la Jameh Mosque, o mezquita del viernes. Esta mezquita abierta, de grandes dimensiones, tiene una de las portaladas más altas de Irán. Está decorada con exquisitos mosaicos y tiene una gran cúpula y dos minaretes de 48 metros de altura. El viernes se permite que las mujeres puedan subir arriba para rezar o para hacer fotografías. Al salir de la mezquita lo mejor es callejear por el casco antiguo. Paseando por las callejuelas vas encontrando mezquitas, casas tradicionales, casas de baños, torres de ventilación (badgirs), etc…

Mezquita Jame Masjed en Yazd

Torres del viento en Yazd Por la tarde visitamos el Templo Zoroastra. Está religión fue fundada alrededor de los años 1600-1200 a.C. en el noroeste de Persia, por el profeta Zaratustra y parece ser que dejó su influéncia en el judaísmo. Es el lugar donde arde desde el año 470 la llama sagrada del zoroastrismo. Se llama Ateshkadeh y fue destruido durante la revolución. Ahora es un edificio de nueva planta construido en 1934. En lo alto de la fachada se puede ver la imagen del Dios Ahura Mazda. En la actualidad se calcula que, pese a la presión del islam, aun viven en Yazd 4.000 practicantes zoroastras.

Templo zoroastra en Yazd

En las afueras de la ciudad se encuentran las Torres del silencio, donde antiguamente se dejaban los cadáveres para que los buitres los descarnaban. Actualmente esta práctica está prohibida.

Torres del silencio en Yazd

Afueras de Yazd

Restos arqueológicos en Yazd

De vuelta a Yazd visitamos la  Amir Chakhmaq – fuera del casco antiguo – con una magnífica fachada de tres plantas con arcos y delicados mosaicos. Una construcción utilizada en los rituales para conmemorar la muerte del Imam Hossein. Amir Chakhmaq en Yazd

Cerca de aquí, asistimos a una sesión de entrenamiento en una casa de fuerza o Zurkhaneh. Se trata de un deporte que persigue una conexión con el éxtasis religioso de los derviches. Es importante la concentración y la ejecución de los ejercicios, mientras un cantante y varios tambores van marcando el ritmo.

Zurkhaneh en Yazd

Al día siguiente contratamos una excursión en el mismo hotel, para visitar los alrededores de Yazd que incluye las antiguas aldeas del desierto de Kharanaq y Meybod y Chak Chak, antiguo centro de peregrinación zoroastra.

Yazd, la ciudad caravanera del desierto.
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